Mientras que el 2014 no ha sido un año amable con los cohetes, si ha sido un año excepcional para los robots de todo tipo. El robot Curiosity de la NASA olió signos de metano en Marte y la Agencia Espacial Europea logró aterrizar a su Philae, del tamaño de una lavadora, en un cometa. Por su parte, en julio  unos investigadores utilizaron un robot buceador para investigar una de las partes más inaccesibles del planeta: los mares bajo el hielo polar.

El vehículo Nereida Under Ice (NUI) logró realizar cuatro inmersiones en el Ártico,  capturando en ellas imágenes de algas pardas que crecen debajo del hielo marino, mientras que copépodos gigantes y enjambres de larvaceos gelatinosos nadaban por debajo de los témpanos. "Fue la primera vez que pudimos documentar una abundancia de tanta vida bajo el hielo", dice Antje Boecio, biólogo marino en el Centro Helmholtz de Investigación Polar y Marina en Bremerhaven, Alemania, y jefe científico de la expedición, que se realizó utilizando el Polarstern, un rompehielos alemán.

Los resultados del crucero fueron presentados el 16 de diciembre en una reunión de la Unión Geofísica Americana, en San Francisco, California.

En el pasado, el ambiente debajo del hielo marino ha sido estudiado por  planeadores autónomos que siguen direcciones preestablecidas y por los experimentos que hacen descender instrumentos a través de agujeros perforados en el hielo. Sin embargo, NUI puede explorar en tres dimensiones, una manera que antes no era posible, dice Chris German, un geoquímico marino de la Institución Oceanográfica Woods Hole (WHOI) en Massachusetts y un investigador principal del proyecto NUI. La capacidad adicional para mapear, recoger muestras y explorar visualmente "es como pasar de una pintura de un hombre de las cavernas a un Monet", dice.

Construido por WHOI, con un costo aproximado de $3 millones, NUI se basa en el diseño del vehículo submarino no tripulado Nereus, que en 2009 se zambulló hasta el fondo del Abismo Challenger, el punto más bajo en el océano. Nereus se perdió en el mar en mayo, al parecer debido a una implosión provocada por presiones extremas a una profundidad de 10 kilómetros.

Como Nereus, NUI obtiene sus comandos a través de un cable de fibra óptica delgado que conecta el vehículo a un barco de apoyo. Los pilotos pueden enviar comandos al vehículo y recibir vídeo y otros datos a través de la conexión. Debido a que el cable es propenso a romperse, NUI está programado para seguir las instrucciones preestablecidas cuando se pierde la comunicación con la nave. En tres de las cuatro inmersiones del Ártico, el cable se rompió y los investigadores a bordo del Polarstern recuperaron satisfactoriamente NUI enviándole señales acústicas.
 
En una inmersión, NUI recorrió una distancia de 800 metros desde la nave. No obstante,  sus carretes pueden albergar 40 kilómetros de cable de fibra óptica, por lo WHOI tiene planes de explorar hasta 10 o 20 kilómetros más allá del buque de apoyo en futuras pruebas bajo el hielo. Finalmente, el equipo espera usar NUI para estudiar la parte inferior de los glaciares y capas de hielo, incluyendo las de la Antártida, que se pierden rápidamente.

 
Este artículo se reproduce con permiso y se publicó primero el 16 de diciembre de 2014.