La mayoría de las personas evita pasar tiempo en lugares en los que la rayería es frecuente. Pero este mes, unos científicos se dirigirán a un área de Venezuela, que es la que recibe más impactos eléctricos que ninguna otra parte del mundo, con el fin de poner a prueba un sistema diseñado para pronosticar la frecuencia de los rayos con hasta tres meses de antelación.

Irán al lugar preciso: normalmente, esta región alrededor del Lago de Maracaibo, en el norte de Venezuela, es golpeada por más de 200 rayos por kilómetro cuadrado al año. Los investigadores liderados por Ángel Muñoz, un climatólogo de la Universidad de Princeton en Nueva Jersey, monitorearán las condiciones atmosféricas y la rayería allí durante los próximos tres años, recogiendo datos por periodos de 72 horas cada tres meses.

Muñoz y su equipo van a comparar estos datos con las proyecciones generadas por un modelo que han desarrollado con la esperanza de producir un sistema que pueda predecir con precisión la frecuencia de los rayos en esta parte de Venezuela con varios meses de antelación. Estas proyecciones podrían ayudar a mejorar la seguridad de las comunidades rurales que se dedican a la pesca y la agricultura, además de la industria del petróleo y gas y las redes de electricidad.

"¿Podemos decir cómo será la rayería con tres meses de antelación?", se pregunta Muñoz. "Estamos mostrando no solo que es posible, sino que las previsiones en esta parte del mundo son en realidad muy precisas".

Pero aplicar ese modelo a otras regiones podría ser difícil, dice Andrew Dowdy, un climatólogo de la Oficina de Meteorología de Australia, en Melbourne. Su investigación ha demostrado que el ciclo meteorológico conocido como El Niño contribuye a la creación de patrones de caída de rayos que difieren según la estación y la región.

Por otra parte, la falta de observaciones de rayos a largo plazo en muchas partes del mundo hace que sea difícil diferenciar la influencia del cambio climático de las variaciones en el clima causadas ​​por efectos locales, tales como la expansión de las islas de calor urbanas. Un estudio predice que la frecuencia de impactos eléctricos en América del Norte se incrementará en un 12% por cada grado Celsius de calentamiento.

 

EN UN INSTANTE

El equipo de Muñoz ha desarrollado su modelo usando casi dos décadas de mapas satelitales de rayería, además de datos sobre vientos, la temperatura de la superficie del mar, la presión atmosférica y la humedad en la cuenca del Lago de Maracaibo. Los investigadores van a recoger más datos este verano, utilizando estaciones climatológicas miniatura que estarán ancladas a intervalos fijos a lo largo de las cuerdas atadas a globos meteorológicos que volarán a alturas de hasta 1,4 kilómetros. Las estaciones transmitirán sus observaciones cada diez minutos por Wi-Fi, mientras que detectores basados ​​en la tierra medirán la actividad eléctrica.

Los investigadores también van a instalar un sensor de rayos en tierra que estará conectado a una red mundial de monitoreo dirigida por Robert Holzworth, un físico de la Universidad de Washington en Seattle, especializado en la atmósfera y el espacio.

Holzworth, que planea instalar diez estaciones más en otros lugares alrededor del mundo en los próximos meses, dice que los datos que recojan podrían ayudar a revelar si los lugares donde caen los rayos están cambiando a medida que las temperaturas cambian.

Mientras tanto, la NASA está a punto de lanzar al espacio dos nuevos sensores de relámpagos –para continuar con un registro de mediciones satelitales que comenzó en 1997–. Estos sensores podrán detectar relámpagos en las nubes, complementando las mediciones que se tomen en lugares azotados por rayos en la superficie terrestre.

El satélite medioambiental geoestacionario operacional de la serie R, un satélite climatológico de la NASA, que será lanzado en noviembre, llevará el primer dispositivo mapeador geoestacionario de relámpagos. El detector proporcionará mediciones constantes de los relámpagos sobre gran parte del continente americano. Ese mismo mes, la agencia enviará un sensor de relámpagos para que sea instalado en la Estación Espacial Internacional.

Este artículo se reproduce con permiso y se publicó el 15 de agosto de 2016.