Un fémur de 45.000 años de edad, hallado en Siberia,  ha entregado la secuencia del genoma más antiguo de Homo sapiens que se conoce hasta ahora y, a su vez, revela la presencia de una población misteriosa que una vez pudo haber habitado el norte de Asia. La secuencia de ADN de este hombre cazador y recolector también ofrece pistas interesantes sobre el viaje de los humanos modernos de África a Europa, Asia y más allá, así como sus encuentros sexuales con los neandertales.
 
Su grupo podría haber permanecido desconocido si no fuera por Nikolai Peristov, un artista ruso que talla joyería de antiguos colmillos de mamut. En el 2008, Peristov buscaba marfil a lo largo del río Irtysh de Siberia cuando notó un hueso que sobresalía de la orilla del río. Él lo sacó y se lo mostró a un científico forense de la policía, que lo identificó como probablemente humano.
 
El hueso resultó ser un fémur izquierdo humano, y, finalmente, llegó al Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig, Alemania, donde determinaron su edad con la técnica de datación por carbono. "Estaba bastante fosilizada y teníamos  la esperanza de que podría resultar muy viejo. Nos pegamos la lotería", dice Bence Viola, un paleoantropólogo quien codirigió el estudio de los restos. "Era más viejo que ningún otro ser humano moderno hallado hasta ahora." La suerte continuó cuando los colegas de Viola descubrieron que la médula contenía ADN bien conservado, y se secuenció su genoma con la misma precisión que se secuenció los genomas humanos contemporáneos (Q. Fu et al.Nature 514, 445–449; 2014).
 
Los investigadores llamaron a su hallazgo Ust'-Ishim, el nombre del distrito donde Peristov encontró los restos. Lo datan de entre  hace 43.000 y 47.000 años, casi el doble de la edad del siguiente genoma humano completo más antiguo conocido hasta ahora.
 
El ADN puede ser la única oportunidad de conectar estos restos con los de otros seres humanos. "Este hombre salió de la nada –no hay ningún sitio arqueológico al que podamos conectarlo", dice Viola,  sugiriendo que su grupo deambulaba por todas partes.
 
El hombre Ust'-Ishim probablemente era descendiente de un grupo estrechamente relacionado con los humanos que salieron de África hace más de 50.000 años para poblar el resto del mundo, pero más tarde se extinguieron, dice Viola.
 
La pista más intrigante sobre su origen es que alrededor del 2% de su genoma proviene de los neandertales. Esto es aproximadamente el mismo nivel que se esconde en los genomas de todos los no africanos de hoy, debido a los ‘encuentros’ antiguos entre sus antepasados ​​y los neandertales. El hombre Ust'-Ishim probablemente consiguió su ADN neandertal de estos mismos cruzamientos, que, estudios previos sugieren que ocurrió después de que el ancestro común de los europeos y los asiáticos salió de África y se encontró con los neandertales en Oriente Medio.
 
Hasta ahora, el momento de este mestizaje era incierto – algún momento entre hace 37.000 y hace 86.000 años–. Pero el ADN neandertal en el genoma Ust'-Ishim señala que debió ocurrir entre hace 50.000 y 60.000 años, según se infiere de los segmentos largos de ADN neanderthal en el genoma del hombre Ust'-Ishim. Cromosomas paternos y maternos se barajan juntos en cada generación, por lo que con el tiempo los segmentos de ADN de un individuo se hacen más cortos.
 
Las fechas más precisas para el apareamiento neandertal-humano suponen un reto para los científicos que han propuesto que los humanos modernos salieron de África hace más de 100.000 años y llegaron a Asia hace más de 75.000 años, dijo Chris Stringer, un paleontólogo del Museo de Historia Natural de Londres. Estos investigadores, que incluyen a Michael Petraglia, un arqueólogo de la Universidad de Oxford, Reino Unido, han señalado a huesos H. Sapiens hallados en el Levante Mediterráneo y que tienen una antigüedad de más de 100.000 años y herramientas de piedra de 70.000 años de edad que se encuentran en la India como evidencia para un éxodo humano temprano a Asia a lo largo de una ruta costera por el sur que con el tiempo llegó a Oceanía y Australia.
 
Pero Petraglia ve el genoma de Ust'-Ishim con otros ojos. "Creo que esto es parte de un auge de la población que ocurrió hace unos 45.000 años, lo que significa que los humanos modernos llegaron a los confines del mundo hace 45.000 años", dice. Sus números podrían haber inundado las poblaciones humanas que llegaron en migraciones anteriores.
 
Petraglia espera que el ADN antiguo y otros hallazgos fósiles dibujen un cuadro mucho más complicado del poblamiento de Asia. "Esto es sólo un hallazgo al azar en un depósito río de Siberia", dice Stringer. "¿Qué otra cosa podría estar allí cuando se comience a buscar sistemáticamente?"
 
 
Este artículo se reproduce con permiso y fue publicado por primera vez el 22 de octubre de 2014.