SALENTO, Italia - Solo hay una certeza en este drama dantesco para salvar a los mundialmente reconocidos campos de olivos de Puglia de la mortal bacteria Xylella fastidiosa: los olivos, el gran símbolo de esta región del sur de Italia, se están muriendo en masa. Cientos de hectáreas de las otrora vibrantes arboledas, imágenes perfectas de postal que han prosperado durante siglos, son ahora cementerios donde troncos retorcidos de árboles muertos sobresalen como zombis arbóreos, de un suelo fértil en el que la hierba y las flores crecen sin problema.

Casi todos los demás aspectos del drama, especialmente la ciencia de cómo la bacteria se propaga y cómo se podría detener, están mucho menos claros. Nadie sabe cuántos árboles han perecido hasta ahora. Los informes de la cooperativa italiana de agricultores Coldiretti, estiman que más de un millón de los 60 millones de olivos de Puglia están infectados por la bacteria, y mueren por su propia cuenta o son cortados y quemados por las autoridades, con fuerte presión por hacer algo ante los líderes nacionales y europeos temerosos de que las bacterias se expandan por olivares de todo el continente, e infecten también almendros y cerezos. Mientras camino entre los troncos recortados y restos carbonizados de un pequeño campo de olivos, los oficiales marcan más árboles legendarios con una equis roja, que significa su eventual destrucción. Los furiosos propietarios protestan desafiantes, llamando asesinos a los hombres con motosierras. Los activistas insultan a gritos a los agrónomos que inspeccionan las arboledas.

Sin embargo, nadie me puede explicar exactamente cómo esta bacteria enferma a los árboles, cómo se mueve de árbol en árbol, o incluso si la quema puede funcionar a menos que destruya toda la industria. Puglia produce más del 40 por ciento de aceite de oliva de toda Italia, y su aceite se considera uno de los mejores del mundo. El brote podría costar a la región más de $225 millones de pérdidas en la producción de aceite de oliva solo este año, y podría amenazar los olivos del resto de toda Italia y Europa, aumentando sustancialmente el precio del aceite en todo el mundo. Estos impresionantes árboles, de siglos de antigüedad, son mucho más que campeones agrícolas; son monumentos culturales que resultan tan vitales para el "talón" de la "bota" de Italia como sus numerosos castillos y casas con tejados cónicos de piedra llamados trullo.

Tampoco nadie puede asegurar con certeza si todos esos árboles muertos en realidad sucumbieron ante la X. fastidiosa. Aunque lo que se sabe hasta el momento, basado en muestras aleatorias, sostiene que murieron por la bacteria, apenas una pequeña fracción de los árboles muertos han sido analizados. Como si se tratara de realizar autopsias en una zona de guerra, los funcionarios parecen tener poco interés en confirmar lo que se asume como un hecho.

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Una equis roja señala los árboles destinados a ser destruidos Crédito: Pier Paolo Cito

Todavía más incierto es cómo se introdujo la bacteria mortal en la zona. La explicación más probable, apoyada por la comunidad científica, es que se trajo en un cargamento de plantas ornamentales de Costa Rica, donde la misma cepa de bacteria ha sido bien documentada. Pero la gente local tiene sus propias teorías, que van desde la acción intencional por terratenientes británicos que quieren despejar el terreno para construir resorts de lujo y campos de golf, a la llamada ecomafia que al parecer pretende transformar los olivares en un vertedero para sustancias químicas tóxicas.

Los residentes cuentan historias de coches Mercedes y Jaguar aparentemente echando productos químicos en las raíces de los árboles. Otros susurran que la empresa de biotecnología estadounidense Monsanto lanzó una cepa genéticamente modificada de la bacteria, que compró a una empresa brasileña llamada Allelyx, para luego poder ofrecer un tratamiento. Mientras que otros afirman que los funcionarios que apoyan la propuesta de construir el Gasoducto Trans-Adriático, desde Turquía hasta Europa a través de Puglia, quieren limpiar el terreno ocupado hoy por los olivares para asegurar el lucrativo negocio.

Dejando de lado cómo la bacteria llegó a Puglia, una cuestión mucho más urgente es cómo evitar que se propague por Italia y Europa. Xylella es transmitida por insectos que se alimentan del “Xilema” de la madera de árboles; el tejido que sostiene la planta y ayuda a conducir el aguas. Los insectos albergan la bacteria en su garganta y la inyectan cuando pinchan los árboles para alimentarse. Al observar varios de los insectos muertos flotando en amoníaco en placas de Petri en un laboratorio del Consejo Nacional de Investigación de Italia (CNR), en Bari, parece inimaginable que esas pequeñas criaturas puedan causar tales estragos. Pero incluso el ciclo de vida de estos  bichos no está claro; algunos científicos me dicen que los insectos solo pueden recorrer 100 metros, mientras que otros aseguran que pueden viajar por kilómetros. Eso complica la teoría principal por la que, a fin de evitar que los insectos propaguen la mortal bacteria, los árboles infectados deben ser destruidos antes de que mueran por su cuenta, sin importar la edad o cuan importantes culturalmente sean para la región.

Alarmada, la Unión Europea ha ordenado la creación de una zona de control, justo al norte de la ciudad Pugliese de Lecce. Esencialmente lo que ha hecho es establecer una línea entre el mar Jónico y el Adriático, considerando como zona muerta todo lo situado al sur de ella. Los análisis son más vigorosos justo por encima de la zona de control. Los árboles infectados se marcan con una equis roja y son también destruidos. Con el tiempo, cada árbol a menos de 100 metros de cualquier árbol infectado también será cortado. Los agricultores están comprensiblemente desafiantes. "No existe tal cosa como Xylella", dice Pasquale Spina, un agricultor cuyos árboles están en la zona de control. Mientras me habla junto a los restos de un árbol centenario aserrado que dio positivo para la bacteria, acaricia el nuevo brote que aparece en lo alto del supuestamente infectado y muerto tronco cortado. "¿Se ve este árbol enfermo para usted?", se pregunta, "¡Xylella solo existe en la cabeza!"

Una de las cabezas a las que se refiere es la de Donato Boscia, virólogo director de investigación del Instituto de Protección Vegetal Sostenible de la CNR. Boscia encontró el primer caso confirmado de X. fastiodosa en el olivar de su suegro en 2013, cuando estaba allí con la familia de su esposa. "Supe de inmediato que estábamos frente a algo grande", dijo a la revista Scientific American desde su laboratorio en Bari. Boscia, cuyo teléfono celular tiene una foto de un olivo de la arboleda de su suegro como protector de pantalla, está liderando una batalla épica contra una montaña de burocracia y recortes de financiación para construir un centro de investigación al aire libre con que estudiar la enfermedad y, finalmente, encontrar una manera de detenerla. Aunque él defiende la tala y quema de árboles, también sabe que es el equivalente a tomar aspirinas para combatir el cáncer. "La erradicación no es una utopía", dice. "Tenemos que trabajar en la contención. Debemos adoptar buenas prácticas para vivir con Xylella porque detenerlo no va a ser fácil".

Boscia se encuentra también en el centro de una investigación penal impulsada por el tribunal regional de Lecce sobre la culpabilidad potencial de los científicos, ya sea por la introducción de virus o por sucumbir a la presión financiera para no detener el problema. Boscia ni se inmuta, al menos aparentemente, haciendo caso omiso de las acusaciones y prometiendo continuar investigando para poner en práctica lo que sea necesario para detener las bacterias. "No podemos distraernos", dice. "Para vencer a la bacteria debemos mantener la concentración."

Pero la ciencia no lo tiene fácil en una tierra donde la adherencia a la tradición es solo comparable a la sospecha de la autoridad. El trabajo de Boscia en convencer a la gente de que el plan de la UE es lo mejor que tienen, y que la falta de financiación adecuada y la flagrante falta de infraestructuras hacen que la transparencia sea casi imposible. Si un agricultor se da cuenta de una sospechosa pérdida de hojas en las ramas de un árbol, es más probable que corte el árbol y lo queme por sí mismo, a que espere a que las autoridades entren y quizás destruyan todo el olivar. No hay ni un solo programa de ayuda o de divulgación en la zona para guiar a los agricultores locales en esta crisis y eso hace que tomen decisiones por su cuenta.

El retraso en el establecimiento de una estrategia contundente de investigación y tratamiento solo empeora las cosas, porque las estadísticas son escasas y a menudo contradictorias. "El problema es que por el momento todo es especulación", dice Boscia. "Estamos luchando contra una serie de frentes sin artillería, como estudiar los vectores que llevan la bacteria, o hacer análisis más precisos de los árboles. [La bacteria] vive en el xilema, por lo que un árbol infectado podría tener partes sanas, y si analizamos la zona equivocada, podríamos dejar al árbol vivo y seguir siendo un huésped de la bacteria. Eso no son buenas noticias para los productores".

Pocos expertos tienen tanto conocimiento ​​de la bacteria X. fastidiosa como Alejandro Purcell, profesor emérito de la Universidad de California, Berkeley, que ha publicado algunas de las investigaciones más extensas sobre los efectos de la Xylella en los cultivos agrícolas. "El antiguo simbolismo e impacto cultural del olivo en Europa y el Mediterráneo da a esta enfermedad un impacto no he experimentado con uvas, cítricos y otros cultivos que fueron infectados de repente con Xylella", dijo a la revista Scientific American por Skype. "Pero hasta que la mayoría de la gente esté dispuesta a cooperar y tomar medidas desde la comunidad local, nada la va a frenar."

Si puede haber alguna buena noticia para los legendarios oleicultores de Puglia es el hecho de que la bacteria no tiene impacto en la fruta y el aceite que producen los árboles sanos, dice Boscia, precisamente porque los árboles infectados no producen aceitunas. El único peligro para las personas que consumen el aceite Pugliese es que no habrá suficiente para todos. La mala noticia, por supuesto, es que a medida que los árboles mueren, también lo hace una cultura que ha prevalecido durante milenios.