Hace dos meses, los conservacionistas del mundo cruzaban colectivamente sus dedos y esperaban para saber si una tortuga de caparazón blando de Shanghai (Rafetus swinhoei), la última de su género, podría —después de someterse a una inseminación artificial—finalmente poner huevos fértiles y salvar su especie de la extinción.

Lamento decir que esas esperanzas, al menos temporalmente, se han visto frustradas. La Alianza para la Supervivencia de Tortugas (TSA, por sus siglas en inglés) informó hace unas semanas que la centenaria tortuga puso 89 huevos, pero todos fueron infértiles.

Sin embargo, eso no significa que la búsqueda haya terminado. Se espera que la hembra ponga una o dos nidadas más este año. Van a tratar de inseminarla de nuevo antes de esa fecha.

Primero, no obstante, los investigadores necesitan aprender más acerca de la reproducción de la tortuga de caparazón blando. Ese ha sido un gran desafío. “Estamos volando a ciegas”, dice el presidente de la TSA Rick Hudson. “Estamos aprendiendo a medida que avanzamos”.

Usted verá, la reproducción de las tortugas no es tan simple como “inserte A en la ranura B”. “Es bastante compleja e involucra órganos que son mucho más complicados que los de los humanos. “Los machos de esta especie de tortugas tienen uno de los órganos reproductores más complejos que conozcamos”, señala Hudson. “Es una apéndice de apariencia extraña con múltiples tentáculos; es una cosa grande y horrible. Y es así por una razón. Todos esos apéndices y cosas que se desprenden de ellos deben caber dentro de la anatomía de la hembra de caparazón blando de alguna manera. Y no sabemos cómo”.

Para tener una mejor idea, el experto en reproducción de la TSA, Gerald Kuchling, ha estado mirando tortugas hembras de caparazón blando de otras especies. “Usted llena el canal intestinal con agua o aire. Luego puede introducir un endoscopio y mirar”, explicó Hudson. “Puede ver qué apariencia tiene la anatomía interna. Con suerte, con eso puede determinar mejor dónde quiere dirigir la inseminación artificial la próxima vez”. Hudson dice que la información que han obtenido hasta ahora debería ayudarles la próxima vez que traten de inseminar a la hembra.

El otro gran desafío es averiguar el otro extremo de la ecuación: cómo manejar, transportar, almacenar, congelar y reconstituir el semen de tortugas. El macho que están usando también tiene unos 100 años, y como dice Monty Python, cada esperma es sagrado. Encontrar la manera de preservar el semen no sólo ayudará con los próximos intentos de inseminación, sino también a almacenar material genético para el futuro. Hudson dice que también están haciendo ensayos con tortugas de caparazón blando en cautiverio en Australia.

Solo existen cuatro tortugas gigantes de caparazón blando Yangtze: un macho y una hembra en China, y dos machos en Vietnam. Todavía tenemos esperanza de escuchar el golpeteo de pequeñas aletas, pero por ahora el juego de la espera continúa.

Dos veces por semana, John Platt arroja luz sobre las especies en peligro de extinción de todo el mundo, explorando no sólo por qué están muriendo, sino también qué se está haciendo para rescatarlas del olvido. Sígalo en Twitter a través de @johnrplatt