A medida que se acerca el décimo aniversario de la temporada con más huracanes registrados, los meteorólogos y responsables del gobierno de EE. UU. se están preparando para el inicio de la temporada 2015. Sin embargo a diferencia del 2005, en que hubo una cifra sin precedentes de 28 huracanes (incluyendo uno de los peores; el Katrina) se espera que esta temporada el número de huracanes sea menor de lo habitual.

El fenómeno de El Niño en el Pacífico tropical será el principal factor para frenar el desarrollo de tormentas en la cuenca del Océano Atlántico, según anunciaron meteorólogos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), durante el lanzamiento de su previsión para la temporada de huracanes .

Los oficiales señalaron, sin embargo, que incluso en una temporada tranquila pueden haber tormentas devastadoras. Es lo que ocurrió en 1992, cuando solo hubo siete huracanes pero uno de ellos, el Andrew, causó graves destrucciones. Debido a esta posibilidad, los oficiales enfatizaron la necesidad de estar preparados tanto a nivel individual como federal. 

Para este año se esperan entre 6 y 11 tormentas con nombre,  entre 3 y 6 huracanes y de 0 a 2 huracanes mayores. NOAA

"Estamos a las puertas de la temporada Atlántica y debemos estar preparados para lo que venga", dijo el administrador de NOAA Kathryn Sullivan durante una rueda de prensa celebrada en Nueva Orleans, en vistas al próximo aniversario del Katrina.

La temporada de huracanes comienza oficialmente el 1 de junio y dura hasta el 30 de noviembre, presentándose la mayor actividad desde finales de agosto hasta principios de octubre. Esta temporada los meteorólogos de la NOAA prevén de seis a 11 tormentas tropicales, de las cuales se espera que solo entre tres y seis se conviertan en huracanes.

Es posible que ninguno de esos huracanes pase de la categoría 3 en la escala de fuerza Saffir-Simpson, pero el rango de estimaciones prevé la posibilidad de hasta dos grandes huracanes durante la temporada.

Incluida en estas cifras está la tormenta tropical Ana, que se formó a principios de mayo (antes de la temporada oficial) y tocó tierra el 10 de mayo en las costas de Carolina del Sur. Estas tormentas tempranas no son del todo extrañas –ocurren cada pocos años–, pero investigaciones recientes sugieren que el calentamiento global podría estar generando condiciones más propicias para la formación de tormentas durante un período de tiempo más largo, y alargando por tanto las temporadas de huracanes.

La mayoría de las investigaciones sobre el efecto del calentamiento sobre los ciclones tropicales (término general para las tormentas tropicales, huracanes y tifones) se ha centrado en cómo podría el cambio climático estar cambiando la frecuencia o intensidad de las tormentas. Los resultados parecen indicar que el calentamiento disminuirá en general el número de tormentas, pero que las que aparezcan serán más fuertes.

La principal conexión entre huracanes y cambio climático es a través del aumento del nivel del mar: A medida que los océanos absorben más calor de la atmósfera debido a la acumulación de gases de efecto invernadero, se expanden en volumen. Eso significa que cuando las tormentas llegan a tierra, si le sumamos el nivel de agua oceánico, el oleaje final de la tormenta será mayor en un futuro más cálido.

Aunque los huracanes se miden por la velocidad de sus vientos, “el oleaje es la mayor amenaza en un huracán", dijo Sullivan. "Es el agua la que mata, no el viento."

Varias tormentas recientes, particularmente el Huracán Sandy, han sido muestras claras de esta amenaza. Sandy trajo 9.4 pies de agua al Battery Park en Manhattan, de los cuales cerca de 12 pulgadas se debían al aumento del nivel del mar respecto al siglo pasado. NOAA ha elaborado nuevos mapas que muestran alertas específicas por inundaciones de tormentas, así como mapas más detallados y ampliables indicando qué tan alto las aguas podrían llegar en una comunidad.

"En estos mapas se podrá ver su propio vecindario", dijo Sullivan.

Los científicos no pueden predecir si una tormenta tropical o huracán llegará o no a los EE. UU. esta temporada, pero están trabajando en modelos que indiquen las regiones más propensas a recibir una tormenta.

Es probable que este año las tormentas tropicales sean más suaves debido al actual fenómeno de El Niño. El Niño es un fenómeno climático que se caracteriza por aguas oceánicas más cálidas de lo normal en el Pacífico tropical y central. Mientras que el calor ayuda a impulsar las tormentas en el Pacífico, en el Atlántico el exceso de calor atmosférico provoca un efecto dominó que crea condiciones desfavorables para la formación de tormentas.

En concreto, a capas elevadas se forman unos vientos de diferentes velocidades y direcciones, que pueden disipar las tormentas en desarrollo, y conducir a una atmosfera más estable, que es lo contrario de lo que necesita un ciclón tropical.

Probablemente El Niño también jugó un papel en la baja actividad de la temporada pasada, a pesar de que aún no se había formado completamente. Parece que ahora el fenómeno se está fortaleciendo, con una probabilidad del 90 por ciento que dure hasta el verano, según los meteorólogos de la NOAA.

Las temperaturas estables del océano Atlántico serán otro factor para mantener baja la actividad de las tormentas tropicales, ya que las aguas más cálidas son mejores para la generación de tormentas.

Los oficiales públicos están preocupados por si la previsión de una temporada suave, junto con los nueve años pasados sin grandes huracanes llegando a tierra (Sandy era el equivalente a un huracán de categoría 1) pueda generar complacencia en quienes viven en zonas vulnerables de la costa. El último gran huracán que golpeó los EE. UU. fue el huracán Wilma en 2005, cuando llegó al sur de Florida en octubre de ese año.

El director adjunto de FEMA, Joe Nimmich, advirtió que las personas y las comunidades deben estar preparadas, incluso para las tormentas que no alcancen estadios importante, ya que una tormenta tropical también puede causar inundaciones desastrosas.

"No hace falta ser un huracán para provocar un desastre", dijo.

 

Este artículo se reproduce con permiso de Climate Central. El artículo original fue publicado el 27 de mayo de 2015.