BARCELONA- Se abre el telón (y no es un chiste). Son las once y media de la noche en uno de los teatros alternativos más populares de Barcelona. Es sábado y la platea está llena. Sobre el escenario aparecen cinco investigadores para contar monólogos científicos durante una hora de espectáculo.

La mayoría de ellos son doctores y todos coinciden en hacer apología del frikismo – practica desmesurada y obsesivamente una afición–, cada uno desde su especialidad. Hay un biólogo que habla sobre la grasa parda, un matemático que defiende a Fermat, un físico que versa sobre aceleradores de partículas, entre muchos más.

“Recuerdo perfectamente el día que me hice físico de partículas. Mi madre me dio un sonajero y lo lancé con violencia contra el suelo. Porque es eso lo que hacemos los físicos de partículas: romper cosas”, cuenta Javier Santaolalla, doctorado en la materia en el mayor laboratorio mundial, el CERN (Suiza).

“Nos enamoramos a primera vista”, confiesa Helena González del Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona. Hace un año y medio esta joven bióloga conoció a sus compañeros en la versión española de Famelab, un concurso internacional de soliloquios científicos impulsado por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología y el British Council España.

En su monólogo, Helena habla de genes pero da inicio a su discurso con algo más cotidiano: el sonido “desagradable” del despertador que nos azota cada mañana. Y ese pitido le basta para hablar sobre el ritmo biológico y lo que ella llama el chachachá genético: “Estas señales van a activar nuestros genes de día (…) tenemos genes de día y también de noche. Nuestras células también hacen turnos, como las farmacias y los bomberos”.

   Aitor Menta es el matemático del grupo, sobre esa disciplina versa su monólogo. 
   Xavier Luri 



De Sheldons y Leonards
Aunque poco tienen que ver con la serie, estos científicos han aprovechado la popularidad de los personajes televisivos Leonard y Sheldon, de The Big Bang Theory, para bautizar a su propio grupo con el nombre de The Big Van Theory. “Yo no veía la serie pero mi hermana me llamó para decirme que mi novio salía por la tele y un poco de razón tiene…”, bromea Elisabet Prats, investigadora en el Instituto de Microelectrónica de Barcelona del Centro Superior de Investigaciones Científicas.

Elisabet dedica su monólogo al premio Nobel de física del 2010, el grafeno. “Este material es perfecto porque es muy resistente, más duro que el diamante, pero a la vez flexible y transparente. Si fuere un hombre me casaría con él”, dice chistosa sobre este material hecho exclusivamente de átomos de carbono. Su exposición acaba con las aplicaciones del grafeno: aviones más ligeros, sensores implantados y  pantallas de móviles flexibles, entre otras mil cosas, dice.

En menos de un año han hecho unas 350 actuaciones por toda España, pero también han visitado Italia, México, Brasil y Argentina. Calculan que más de 42.000 personas han visto sus espectáculos, la mayoría en un teatro, pero también en centros educativos, museos, bares y pubs. Al día de hoy, dos de ellos ya viven de esta iniciativa, a pesar de que los otros no se plantean dejar el laboratorio por el escenario.

  La portada del libro que recoge los
  monólogos.


Ahora acaban de publicar un libro Si tú me dices gen lo dejo todo, donde recopilan los monólogos de su primera temporada y las preguntas que muchos espectadores les hacían después de la función. “A todos los frikis: ¡estamos con vosotros!”, bromea Helena. Ya han agotado la primera edición.

Divulgación científica: de las conferencias a los monólogos
“La divulgación está cambiando, tienes que acercarte al público de una forma diferente”, valora Xavier Luri, uno de los miembros del grupo, profesor de astronomía y meteorología en la Universidad de Barcelona con plaza fija. Una de las razones por las que se dedicó a la física fue Cosmos de Carl Sagan, un programa de divulgación con el que ahora su hija se duerme. “La gente joven tiene otros referentes y otros ritmos”, añade.

La gente joven también se cuestiona muchas cosas. “Si el calor tiende a subir, ¿por qué en las montañas hace frío?”, se pregunta en voz alta un espectador al final del espectáculo. Los científicos acaban el bolo contestando las dudas del público y sin perder el sentido del humor.

Las interpelaciones más repetidas a lo largo de todas las actuaciones ocupan un capítulo final en el libro. “La gente no está acostumbrada a que los científicos hablemos como ellos”, confiesa Helena. Por su parte Elisabet también admite cierto temor inicial por la pérdida de credibilidad delante del mundo científico que ahora compensa con su voluntad de “acercar la ciencia a todos los públicos”. Según la Fundación Telefónica, ellos son uno de los 100 proyectos más eficaces para fomentar las vocaciones científico-tecnológicas. Hasta la revista Science, referencia en investigación científica, se hace eco de su historia sobre ruedas.
 

Los científicos acaban el espectáculo contestando las dudas del público, sin perder el sentido del humor.  Xavier Luri