Dependiendo del punto de vista, una de las perversas ironías de la naturaleza –o exquisitas proezas– es que algunos virus transmitidos por mosquitos parecen beneficiarse de la respuesta inmune de sus víctimas a las picaduras de insectos. En pocas palabras, la reacción defensiva del organismo contra los agentes patógenos, incluyendo dengue o el virus del Nilo Occidental, actúa como ayudante de los propios virus. Los primeros atisbos sobre cómo estos patógenos logran exactamente secuestrar los sistemas de defensa del cuerpo para promover la enfermedad fueron revelados el martes en un nuevo estudio en ratones.

Un trabajo de investigación publicado en Immunity sugiere que cuando las células inmunes viajan al enrojecido lugar de la picadura de un mosquito, pueden inadvertidamente ser infectadas con un virus transmitido por mosquitos y luego ayudar a difundir la infección por todo el cuerpo. Las cargas virales más altas resultantes hacen que el receptor esté más enfermo de lo que estaría si el virus se introdujera sin una picada. Esta revelación apunta a un nuevo objetivo potencial para la lucha contra las enfermedades transmitidas por mosquitos: el lugar de la picadura en sí.

Investigadores europeos llegaron a esta conclusión después de realizar extensas pruebas de vanguardia que incluyeron a cientos de ratones infectados por virus. Los científicos inyectaron una de las varias cepas de virus transmitidos por mosquitos –pero primero sometieron a aproximadamente la mitad de los roedores a típicas picaduras de mosquito en los sitios de inyección planificados–. El experimento, similar a estudios anteriores con otros virus, fue diseñado para probar si la saliva de la picadura de mosquito altera la manera en que el cuerpo del huésped responde a la infección. Los nuevos hallazgos van más allá de confirmar el efecto de potenciación de la enfermedad de las picaduras para revelar detalles esenciales sobre cómo la maquinaria del sistema inmune ayuda al virus.

El estudio europeo es el primero en "darnos una buena idea del mecanismo", dice Kristen Bernard, viróloga que estudia las interacciones entre virus y huésped en la Universidad de Wisconsin-Madison, y que no participó en el trabajo. Los experimentos de los investigadores evaluaron cómo les fue a los roedores picados por mosquitos en los días después de la infección frente a aquellos que no fueron picados y reveló: "las células inmunes, que están destinadas a defender el cuerpo contra la infección, entran en la picadura y quedan infectadas sin darse cuenta", dice Clive McKimmie, un inmunólogo de la Universidad de Leeds y autor principal del artículo.

El equipo de McKimmie halló que los neutrófilos, células blancas de la sangre que actúan como primera línea de defensa del cuerpo contra los invasores, promueven la inflamación en el lugar de la picadura –atrapando de este modo el virus en el sitio–. Unas horas más tarde, células de respuesta del sistema inmune llamadas células mieloides aparecen y se infectan, y su maquinaria celular es secuestrada para replicar el virus. A continuación, los soldados del sistema inmunológico ayudan a propagar el virus por el cuerpo, básicamente aumentando la morbilidad y la mortalidad.

Al cabo de un día, la mayoría de los ratones que recibieron un picotazo y posterior inyección de virus mostraron en el sitio de la infección un aumento de 10 veces en los números de virus, en comparación con los ratones que solo habían sido inoculados con virus. Cargas virales altas como estas permiten que el virus se propague más fácilmente a tejidos remotos –y también puede aumentar las posibilidades de transmitir la enfermedad a otros portadores–. "Cuanto mayor es la cantidad de virus en sangre, más fácil es que un mosquito se infecte", dice Bernard.

Un recuento de virus más alto también resultó ser letal para muchas de las víctimas de picaduras. Entre los ratones sin picaduras infectados con una cepa particularmente virulenta de virus del Bosque Semliki –que es un primo del virus chikungunya que en los seres humanos causa dolor extremo en las articulaciones–, 10 días después de la infección había sobrevivido un 20 por ciento. En fuerte contraste, el 100 por ciento de los ratones con picaduras que fueron infectados habían sucumbido al cuarto día. Entre los ratones infectados con una cepa menos peligrosa del virus, el 100 por ciento de los ratones libres de picadura estaban vivos a los 10 días, pero solo el 60 por ciento de los ratones picados seguía con vida.

Para confirmar que neutrófilos y células mieloides ayudan al virus a prosperar, los investigadores llevaron a cabo experimentos separados en los que menguaron la cantidad de neutrófilos o bloquearon el despliegue de las células mieloides. En ambos estados alterados los ratones realmente tenían cargas virales más bajas y estuvieron menos enfermos. Evidentemente, "es solo una coincidencia desafortunada que la picadura de mosquito sea inflamatoria y los virus hayan hecho uso de esto", dice McKimmie.

Los nuevos hallazgos son particularmente atractivos para los investigadores, ya que pueden apuntar a un objetivo –el lugar de la picadura– para luchar contra la formación de la enfermedad de manera más eficaz. "Si se puede inhibir la inflamación de la picadura, se podría tener una manera de detener los virus antes de que establezcan la infección. Por otra parte, podría ser útil para muchas de estas infecciones, ya que la inflamación de la picadura es común a todas ellas", dice McKimmie. Si los resultados en roedores son válidos para los seres humanos y con múltiples virus transmitidos por mosquitos, tales como zika o chikungunya –cuestiones aún por responder– espera que los investigadores podrían inhibir las respuestas del sistema inmunológico en el lugar de la picada independientemente del patógeno.

"Lo que queremos hacer ahora y que probablemente tendrá un impacto en el mundo real es indagar en la reutilización de medicamentos anti-inflamatorios ya disponibles", dice McKimmie. Sin embargo, Bernard advierte de que incluso si se da el mismo proceso en seres humanos y que estos hallazgos se apliquen a otros virus, esta solución parece "inverosímil", porque la víctima tendría que darse cuenta rápidamente de la picadura y tener el medicamento a mano. Pero conocer este mecanismo subyacente, dice, es un primer paso importante y fascinante.