“Más es mejor”. Desde la cantidad de gigas de un plan de datos móviles hasta los caballos de fuerza de una camioneta, este mantra está omnipresente en la cultura americana. Cuando se trata de estudiantes universitarios, la creencia de que más es mejor puede servir de base para la visión generalizada de que las computadoras portátiles en el aula mejoran el rendimiento académico. De hecho, estas computadoras le permiten al estudiante hacer más cosas, como participar en actividades y demostraciones en línea, colaborar más fácilmente en artículos y proyectos, acceder a información de Internet, y tomar más notas. Incluso, debido a que los estudiantes pueden tipear significativamente más rápido de lo que pueden escribir, aquellos que usan laptops en la clase tienden a tomar más notas que quienes lo hacen a mano. Además, cuando los estudiantes toman notas utilizando computadoras portátiles suelen tomar notas literales, anotando hasta la última palabra pronunciada por el profesor.

Obviamente es ventajoso redactar notas más completas que capten con precisión el contenido del curso y permitir una revisión textual del material más tarde. Pero en realidad no lo es. Una nueva investigación de Pam Mueller y Daniel Oppenheimer demuestra que los estudiantes que escriben sus notas en papel de hecho aprenden más. A través de tres experimentos, Mueller y Oppenheimer convocaron a estudiantes para que tomaran notas en un salón de clases y luego analizaron su memoria para recordar detalles reales, su comprensión conceptual de la información, y su capacidad para sintetizar y generalizar la información. A la mitad de los estudiantes se les pidió que tomaran notas con computadora portátil, y a la otra mitad que escribieran a mano. Como en otros estudios, los estudiantes que usaron computadoras tomaron más notas. En cada estudio, sin embargo, aquellos que escribieron sus notas a mano tuvieron una comprensión conceptual más fuerte y fueron más exitosos en la aplicación y la integración del material que quienes solían usar tomar notas con sus computadoras portátiles.  

¿Qué impulsa este hallazgo paradójico? Mueller y Oppenheimer postulan que tomar notas a mano requiere otros tipos de procesamiento cognitivo diferentes a los necesarios para tomar notas en una a computadora portátil, y estos procesos distintos tienen consecuencias en el aprendizaje. Escribir a mano es más lento y más engorroso que tipear, y para los estudiantes es imposible escribir cada palabra durante una conferencia. En su lugar, ellos escuchan, digieren y resumen para poder captar, de manera sucinta, la esencia de la información.

Por lo tanto, tomar notas a mano obliga al cerebro a hacer un arduo esfuerzo mental que fomenta la comprensión y retención de crianza. Por el contrario, al tipear, los estudiantes pueden producir fácilmente un registro escrito de una conferencia sin procesar su significado, pues las rápidas velocidades de tipeo permiten a los alumnos transcribir una conferencia palabra por palabra sin dedicar mucha atención a los contenidos.

Para evaluar esta teoría, Mueller y Oppenheimer analizaron el contenido de notas tomadas a mano frente a las hechas en computadora portátil. Sus estudios incluyeron cientos de estudiantes de la Universidad de Princeton y de la UCLA, y los temas de las conferencias variaron desde murciélagos, pan y algoritmos a fe, respiración y economía. Consistentemente, el análisis de contenido de las notas mostró que los alumnos que usaron computadoras portátiles habían hecho una transcripción más literal de la conferencia que aquellos que tomaron notas a mano. Por otra parte, el alto contenido textual de las notas se asoció con una menor retención de la información de la conferencia. Al parecer los estudiantes que usaron laptops pueden tomar notas de una manera bastante irracional y repetitiva, con poco análisis o síntesis por parte del cerebro. Este tipo de transcripción superficial no promueve la comprensión significativa o la aplicación de la información.

Si el origen de la ventaja de tomar notas a mano deriva de los procesos conceptuales que evoca, tal vez instruir a los usuarios de laptops para redactar de forma resumida en lugar de tomar notas taquigráficas aumentará el rendimiento. Mueller y Oppenheimer exploraron esta idea advirtiendo a quienes tomaban notas con laptops sobre los problemas de transcribir la información sin pensar, y explícitamente les recomendaron pensar en la información y tomar notas con sus propias palabras. A pesar de estas instrucciones, los estudiantes que usaron computadoras portátiles mostraron el mismo nivel de contenidos textuales y no fueron mejores en la síntesis del material que los estudiantes que no recibieron esa advertencia. Es posible que esas instrucciones directas para mejorar la calidad de notas hechas con laptops fallaran porque es muy fácil confiar en los procesos irracionales y menos exigentes de escribir en computadora.

Es importante tener en cuenta que la mayoría de los estudios que han comparado la toma de notas a mano frente a las hechas con computadora han utilizado pruebas de memoria inmediata administradas muy poco después (normalmente menos de una hora) de la sesión de aprendizaje. Sin embargo, en situaciones reales de aula, los estudiantes a menudo son evaluados días o semanas después de aprender la nueva información. Así, aunque los usuarios de laptops pueden no codificar tanto durante la conferencia y por ende pueden estar en desventaja en las evaluaciones inmediatas, parece razonable esperar que la información adicional que registran les dará una ventaja al revisar el material después de un tiempo.

Pues no. Mueller y Oppenheimer incluyeron un estudio en el que se pidió a los participantes que tomaran notas a mano o con computadora, y se les dijo que se los evaluaría en una semana. Cuando a los participantes se les dio la oportunidad de estudiar con sus notas antes de la evaluación final, una vez más, aquellos que tomaron notas a mano superaron a los participantes que lo hicieron con computadoras. Debido a que las notas a mano son hechas con las propias palabras y escritura de los estudiantes, pueden servir como señales más eficaces para recrear el contexto (por ejemplo, los procesos de pensamiento, las emociones, las conclusiones) así como el contenido (por ejemplo, los hechos individuales) de la sesión de aprendizaje original.

Estos hallazgos tienen importantes implicaciones para los estudiantes que utilizan sus computadoras portátiles para acceder a los apuntes y a las notas que han sido escritas por los profesores antes de la clase. Debido a que los estudiantes pueden utilizar estos materiales para acceder al contenido de las clases con un simple clic, no tienen necesidad de organizar, sintetizar o resumir con sus propias palabras. De hecho, los estudiantes pueden tomar muy pocas notas o no tomar ninguna, y por lo tanto pueden renunciar a la oportunidad de participar en el trabajo mental que apoya el aprendizaje.

Más allá de alterar los procesos cognitivos de los estudiantes y, por lo tanto, reducir el aprendizaje, las computadoras portátiles representan otras amenazas en el aula. En los estudios de Mueller y Oppenheimer, todos los ordenadores portátiles fueron desconectados de internet, eliminando así cualquier interrupción del correo electrónico, mensajería instantánea, la navegación por sitios web, u otras distracciones en línea. En los entornos universitarios más típicos, sin embargo, este acceso a la red está disponible, y las evidencias sugieren que cuando los estudiantes usan las computadoras pasan 40% del tiempo de clase utilizando aplicaciones no relacionadas con el trabajo del curso, son más propensos a decaer en la actividad, y están menos satisfechos con su educación. En un estudio con alumnos de Derecho, casi 90% de los usuarios de laptops realizaron actividades en línea no relacionadas con el curso durante por lo menos cinco minutos, y más o menos 60% se distrajo durante la mitad de la clase.

La tecnología ofrece herramientas innovadoras que están dando forma a las experiencias educativas de los estudiantes, a menudo de formas positivas y dinámicas. Sin embargo, la investigación de Mueller y Oppenheimer sirve como recordatorio de que incluso cuando la tecnología nos permite hacer más en menos tiempo, no siempre fomenta el aprendizaje. Esta tarea involucra más que la recepción y regurgitación de la información. Si queremos que los estudiantes sinteticen el material, hagan inferencias, vean nuevas conexiones, evalúen evidencias, y apliquen conceptos en nuevas situaciones, necesitamos alentar procesos cognitivos profundos y trabajosos que sirven de base para esas habilidades. Cuando se trata de tomar notas, los alumnos necesitan menos gigas, y más poder del cerebro.

 

¿Es usted un científico especializado en neurociencia, ciencia cognitiva, o psicología? ¿Ha leído recientemente un artículo revisado por pares sobre el que le gustaría escribir? Por favor, envíe sus sugerencias al editor de “Mind Matters”, Gareth Cook, periodista ganador del premio Pulitzer y colaborador habitual de NewYorker.com. Gareth también es editor de la serie “Best American Infographics” y se lo puede contactar a través de garethideas@gmail.com o en Twitter @garethideas.

 

Sobre la autora

Cindi May es profesora de Psicología en el College of Charleston. Explora los mecanismos para optimizar la función cognitiva en estudiantes universitarios, alumnos adultos, e individuos con discapacidades intelectuales. También es directora de proyecto de la beca TPSID (tpsid.cofc.edu) del Departamento de Educación, que promueve la inclusión de estudiantes con discapacidades intelectuales en educación postsecundaria.