Cabo Cañaveral, Florida. –El Centro Espacial Kennedy de la NASA ha estado bastantante calmado desde que los transbordadores espaciales fueron jubilados hace tres años. Sin embargo, ahora el sitio está rodeado de periodistas, los principales líderes de NASA van camino a Florida y los ingenieros trabajan sin parar para preparar la plataforma de lanzamiento para un nuevo tipo de nave espacial.

La cápsula Orión, con forma de cono, es la nueva iniciativa de la NASA para realizar viajes humanos al espacio. Esta nave, eventualmente, llevará personas a un asteroide o a Marte –siempre y cuando Estados Unidos logre encontrar el dinero para financiar las misiones y la voluntad política para llevarlas a cabo–.

Nadie irá a bordo de la cápsula Orión este jueves cuando se realice su primer lanzamiento y vuelo de prueba, programado para las 7:05 a. m. (EST). Este ensayo busca probar el diseño básico de Orión, lanzándolo a una altitud de 5.800 kilómetros (15 veces más lejos que la distancia que hay entre la Tierra y la Estación Espacial Internacional) antes de regresar y caer en el Océano Pacífico, cuatro horas después. “Esta es la primera vez en 42 años que una nave para viajes tripulados irá más allá de la órbita baja de la Tierra”, dijo Mike Hawes, administrador del programa Orión en Lockheed Martin, empresa constructora de la nave. “Esto es un gran acontecimiento”, agregó.

Orión se parece en forma y diseño a las cápsulas Apollo, pero con sus 3,3 metros de altura y 5 metros de ancho, es una versión un poco más grande que su antecesora. Se espera que llegue a albergar de dos a seis tripulantes en misiones de hasta 21 días; también podrá unirse a otros hábitats espaciales en viajes de más larga duración.
 
En su vuelo de prueba, con un costo de $370 millones, los ingenieros de la NASA estarán atentos a ver si el escudo de calor de Orión, que usa materiales similares a los de Apollo sobre un esqueleto de titanio, es capaz de proteger a la cápsula de las llamas a 2.200 grados Celsius en su reingreso a la Tierra, además verificarán si las computadoras, controles de navegación, paracaídas y demás sistemas de la nave funcionan bien. Si todo funciona bien, Orión ayudará a la NASA a regresar a la labor de enviar a sus propios astronautas, en naves hechas principalmente en Estados Unidos y en lanzamientos originados desde su territorio.
 
Desde el 2011, cuando se retiraron los transbordadores espaciales, los astronautas estadounidenses han tenido que viajar al espacio en naves rusas. NASA espera que las empresas estadounidenses de vuelos espaciales comerciales pronto puedan proveer el servicio de traslado de los astronautas a la Estación Espacial Internacional, en naves construidas por SpaceX y Boeing. Pero para viajes más allá de la Estación Espacial Internacional, la NASA necesita un nuevo vehículo.

La intención es que la cápsula Orión viaje sobre un nuevo cohete, el Space Launch System (SLS), que aún está en desarrollo. Cuando el SLS esté listo para volar (probablemente en el 2018), será el cohete más poderoso disponible, con una fuerza de propulsión de 3,8 millones de kilos. Eso será suficiente para llevar a humanos más allá de donde hemos llegado.

Sin embargo, a dónde y cuándo Orión y SLS realizarán sus viajes aún no se ha determinado. NASA y la administración del presidente Obama desean enviar a astronautas a visitar un asteroide cercano a la Tierra a mediados de la próxima década, aunque el plan ha sido atacado por científicos y líderes politicos, que lo han calificado como poco interesante y científicamente innecesarios. Pero, el dinero necesario para realizar misiones más ambiciosas, como ir a Marte o establecer una colonia en la Luna, es más de lo que la NASA puede esperar del Congreso estadounidense.
 
Con el SLS aún en proceso de construcción, Orión realizará su lanzamiento debut en el cohete Delta IV Heavy, el más potente disponible actualmente. Su empuje será suficiente para llevar a Orión lejos en el espacio y regresar a la Tierra en un 84% de la velocidad del regreso de un viaje a la Luna – suficiente para poner a prueba el escudo de calor de la nave. También llevará a la cápsula más allá de la faja de radiación de Van Allen, los científicos desean saber si las computadoras de la cápsula pueden soportar el efecto de las partículas energéticas que se encuentran allí.

“Parte de mí espera que todo salga perfecto, pero en realidad, en un vuelo de prueba como este, si existen pequeñeces en cómo el vehículo se comporta en el ambiente o cómo sus sistemas actúan unos con otros en un vuelo, mi esperanza es que lo descubramos en este vuelo. Queremos descubrir cosas que están más allá de nuestras habilidades de modelaje y de nuestro conocimiento para poder aprender de ello y arreglarlo”, dice Mark Geyer, el administrador del programa Orión de la NASA.

Sin importar cuál es el resultado del vuelo de prueba, Orión no tiene programado un nuevo viaje hasta dentro de cuatro años, cuando el SLS esté listo, y no realizará un viaje con tripulación hasta al menos el 2021. La demora se debe a falta de presupuesto. “No se debe a nuestra habilidad para construir estas cápsulas, yo quisiera que camináramos más rápido”, dice Geyer.

Este lazamiento pudo haber ocurrido antes si el programa Orión hubiese obtenido todo su financiamiento desde que fue concebido en 2005, en la administración del presidente George W. Bush. Sin embargo, para los miles de fanáticos del espacio que se congregan en Cabo Cañaveral para observar el lanzamiento de Orión este jueves por la mañana, la llegada de esta nueva era de NASA más vale tarde que nunca.