Hacer un mapa de una galaxia no es fácil cuando se vive dentro de ella. Les tomó a los astrónomos un siglo después del descubrimiento de la primera espiral celeste poder demostrar que la Vía Láctea parece una espiral gigante. Sus brazos espirales comprimen gas y polvo interestelar, causando que las nubes de gas crezcan y se hagan más densas, colapsen y originen nuevas estrellas. De ellas, las jóvenes más brillantes iluminan los brazos tan gloriosamente que las galaxias espirales parecen brillantes huracanes cósmicos. La Vía Láctea tiene varios de estos brazos, y ahora astrónomos en China han descubierto que uno de ellos podría envolver toda la galaxia, poniendo a nuestro hogar galáctico en un grupo de élite entre sus vecinos espirales.
 
El brazo espiral se llama Escudo-Centauro (Scutum–Centaurus) y debe su nombre a dos de las constelaciones que se ven desde la Tierra en torno a las cuales se enrosca. Incluso antes del nuevo descubrimiento, muchos astrónomos consideraban a Escudo-Centauro como uno de los brazos espirales más grandes de la Vía Láctea. Surge del extremo cercano de la barra de la Vía Láctea —una estructura en forma de cigarro en el centro de la galaxia—, serpentea hacia el exterior en sentido contrario a las agujas del reloj (de izquierda a derecha), pasando entre nosotros y el centro de la galaxia antes de alcanzar el otro lado de la Vía Láctea. En 2011, los astrónomos descubrieron que este brazo se extiende hasta el lado lejano de la galaxia y luego comienza a acercarse a nuestro lado de la galaxia de nuevo.

BRAZO ALREDEDOR DE LA GALAXIA: El brazo Escudo–Centauro podría ser la espiral más larga de la galaxia, envolviendo toda la Vía Láctea. El brazo comienza en un extremo de la barra galáctica y gira en espiral hacia el exterior en sentido contrario a las agujas del reloj (de izquierda a derecha); la extensión 2011 de este brazo está marcada por los símbolos azul turquesa abajo a la derecha, mientras que la nueva extensión está marcada por los símbolos azul turquesa en la parte superior derecha. El Sol es el punto rojo en el Brazo Local (o Brazo de Orión).
CRÉDITO: Modificado de “A Possible Extension of the Scutum-Centaurus Arm into the Outer Second Quadrant”, de Yan Sun et al., en The Astrophysical Journal Letters, Vol. 798, Enero 2015; Robert Hurt. NASA/JPL-Caltech/SSC.

 

Ahora, el astrónomo Yan Sun del Observatorio de la Montaña Púrpura en Nanjing, China, y sus colegas sugieren que el Brazo de Escudo-Centauro puede extenderse aún más lejos. Usando un gran radiotelescopio con un plato de 13,7 metros de diámetro, los astrónomos buscaron las densas nubes de gas interestelar que marcan brazos espirales. Ese gas está compuesto principalmente por hidrógeno molecular, que es difícil de detectar. Entonces, en lugar de esta sustancia, el equipo de Sun buscó ondas de radio de la siguiente molécula interestelar más abundante: el gas de monóxido de carbono.

Los astrónomos detectaron 48 nuevas nubes moleculares, así como otras 24 que observadores anteriores habían identificado en la galaxia exterior. Las nubes están aproximadamente dos veces más lejos del centro de la galaxia que nuestro sistema solar. Considerando que el sol se encuentra a unos 27.000 años luz del centro galáctico, las nuevas nubes están a 46.000 y 67.000 años luz más. Como detallaron los astrónomos en la edición del 10 de enero de 2015 de la revista The Astrophysical Journal Letters, las 72 nubes se alinean a lo largo de un segmento del brazo espiral previamente desconocido, que tiene alrededor de 30.000 años luz de largo.

Lo que es más notable, dicen los astrónomos, es que el segmento puede extenderse desde la parte más externa de Escudo-Centauro, haciendo que este brazo sea aún más largo. Si es así, el brazo en realidad hace un giro de 360 grados alrededor de la galaxia. “Eso es increíble”, dice Robert Benjamin, astrónomo de la Universidad de Wisconsin-Whitewater que no participó en el descubrimiento. “Es raro”, apunta Thomas Dame, astrónomo del Centro Harvard-Smithsonian para la Astrofísica.

“Apuesto que tendría que mirar docenas de imágenes de galaxias espirales para encontrar una en la que se pueda seguir el recorrido de un brazo 360 grados”, señala Dame, que ayudó a descubrir la extensión del Brazo de Escudo-Centauro en 2011. “Mi impresión era que habíamos encontrado el final del brazo”, agrega. “Así que me quedé muy sorprendido al ver esto”.
 
Sin embargo, hay un problema: un vacío de 40.000 años luz entre el final del segmento descubierto por los astrónomos en 2011 y el comienzo del nuevo segmento. Así, aunque Benjamin y Dame dicen que es casi seguro que las nubes representan el descubrimiento de un nuevo segmento del brazo espiral, puede que realmente no sea parte del Brazo de Escudo-Centauro. Afortunadamente, los científicos saben cómo probar el nuevo postulado: buscar nubes moleculares en ese vacío. “En los próximos años debería ser fácil poder confirmar o refutar su hipótesis”, dice Benjamin.
 
Si el postulado se mantiene, nuestra galaxia vista desde la distancia puede ser más sorprendente de lo que se pensaba. La mayoría de las espirales son modestas, pero unas pocas galaxias prestigiosas, conocidas como “espirales de gran diseño”, hacen gala de su belleza.
 
El prototipo es la increíble Galaxia Remolino, una de las más bonitas en el universo. “No creo que seamos tan espectaculares como la Galaxia Remolino”, dice Benjamin. Esta galaxia probablemente debe su impresionante aspecto a una galaxia que órbita a su alrededor, y que aviva su disco e intensifica su espiral. En nuestra galaxia, la barra giratoria puede jugar un papel similar, y el descubrimiento provisional de un brazo espiral de 360 grados, dice Benjamin, refuerza el caso de que nosotros también vivimos en una espiral de gran diseño, una galaxia tan atractiva que puede ser la envidia de sus vecinos espirales en muchos millones de años luz a la redonda.