Con un “truco químico” investigadores han acelerado y mejorado el proceso de impresión en 3D, produciendo objetos en cuestión de minutos en lugar de horas.

Las impresoras 3D normalmente construyen una capa horizontal cada vez. Algunas lo hacen depositando gotas del material de construcción, como si colocasen ladrillos diminutos. Otras en cambio, crean sus productos irradiando rayos ultravioleta sobre un baño de resina líquida.

La luz solidifica la resina, y el producto parcial se eleva un grado de manera que se pueda repetir el proceso con la capa inferior. Los objetos parecen materializarse mientras van saliendo del baño de resina, al igual que el robot que cambiaba de forma en la película de 1991 Terminator 2, formado de metal líquido.

Sin embargo, ambos procesos pueden tardar horas o incluso un día para producir una estructura compleja.

Un equipo liderado por Joseph DeSimone, químico de la Universidad de Carolina del Norte, en Chapel Hill, acaba de refinar el proceso de la resina líquida para que funcione de forma continua en lugar de a intervalos (empezar-parar). La clave fue hacer el fondo de la cuba que contiene el baño de resina, de un material permeable al oxígeno. Como el oxígeno inhibe la solidificación de la resina, se genera un "zona muerta”; una capa de pocas decenas de micras de espesor en la parte inferior de la cuba, donde la resina se mantiene líquida incluso cuando los rayos ultravioletas inciden sobre ella. La reacción de solidificación se produce por encima de dicha “zona muerta”, y  debido a que siempre hay líquido debajo del objeto en formación, los investigadores pueden “tirar de él” de forma continua en lugar de esperar a que fluya más resina líquida.

"Cuando trabajas así, se puede ir muy rápido", asegura DeSimone. Dependiendo del tamaño del objeto y del nivel de detalle requerido, la impresión puede tardar solo unos minutos. Otra ventaja de este proceso es que permite trabajar con materiales que no son adecuados para los métodos tradicionales de impresión 3D, incluyendo materiales flexibles y de goma. Los resultados se publicaron el 16 de marzo, en la edición online de la revista Science .

"Creo que la velocidad es impresionante", afirma Lee Cronin, químico de la Universidad de Glasgow (Reino Unido), que no participó en el estudio.

DeSimone y sus colegas han creado la start-up Carbon3D, basada en Redwood City, California. El objetivo de la empresa es la fabricación de una impresora comercial a lo largo del año, comenta Rob Schoeben, director de marketing y estrategia de Carbon3D. Algunas de las aplicaciones podrían incluir la construcción de 'chips de microfluidos' personalizados para utilizar en experimentos químicos, afirma DeSimone. "Estamos muy entusiasmados con lo que los diseñadores e ingenieros de todo el mundo podrán hacer con la impresora”.

Este artículo se reproduce con permiso y fue publicado por primera vez el 17 de marzo de 2015.