¿Qué hace uno cuando ha volado ya 4.800 millones de kilómetros a través del espacio interplanetario?

Continúa volando.

Aunque la sonda de la NASA New Horizons apenas ha comenzado a transmitir la mayor parte de la súper detallada información obtenida en su histórico encuentro con el sistema de Plutón y Caronte (a una excruciante velocidad de transmisión de 2 kilobits por segundo), el equipo de la nave espacial ha estado trabajando duro en otra decisión crítica y urgente.

Se tenía la esperanza de que New Horizons fuera capaz de desplegar sus instrumentos para estudiar otros objetos en el cinturón de Kuiper. Pero a principios de 2014 aún no estaba claro si los astrónomos y científicos planetarios iban a poder encontrar candidatos de estudio adecuados dentro del rango de trayectoria a los que la misión —con sus limitados suministros de combustible a bordo— pudiera adaptarse. A pesar de la búsqueda con telescopios terrestres, se hizo evidente que nuestro entendimiento del número de objetos más pequeños que Plutón (pero aún lo suficientemente grandes como para ser estudiados) era incompleto, dado que los candidatos disponibles eran muy pocos.

Usando el Telescopio Espacial Hubble en el verano de 2014, a manera de último intento, hubo gran alivio cuando cinco nuevos posibles objetivos finalmente se mostraron, dos de los cuales resultaron ser luego buenos para ser interceptados. El primero de estos, llamado PT1 (potencial target uno), o más oficialmente 2014 MU69, ha sido escogido como la nueva meta para New Horizons.

Se cree que este objeto tiene un diámetro máximo de 30 millas (48,2 kilómetros) —similar al núcleo cometario de un asteroide— y que es apenas un 1% del tamaño de Plutón. En otras palabras, es una bestia completamente distinta a Plutón, pero podría ser el tipo de cuerpo que ayudó a Plutón a formarse hace 4.500 millones de años atrás, y está dentro del alcance de New Horizons, a tan solo un 1.600 millones de kilómetros fuera de la senda interplanetaria.

La ubicación exacta de PT1 se muestra en esta increíble animación como el punto anaranjado más brillante en la trayectoria espacial propuesta.

La “nube” de puntos anaranjados con forma de anillo representa una distribución especulativa del los objetos “clásicos” del cinturón de Kuiper. Los conocidos se resaltan con puntos blancos grandes, y PT1 está representado en anaranjado brillante. La órbitas planetarias más importantes se muestran aquí, junto a la trayectoria de New Horizons, la cual ha intersectado ya la órbita de Plutón.
Crédito: Alex Parker

Para asegurarse de que New Horizons pase cerca de PT1 a principios de 2019, la nave deberá hacer una serie de cuatro maniobras con sus motores de hidracina en octubre y noviembre de este año.  Esa es la razón por la cual ésta es una decisión urgente. Resulta que llegar a PT1 requiere un relativamente modesto 30% del combustible disponible en la sonda, dejando suficiente para otras futuras hazañas.

Un escollo terrenal es que la NASA debe aún aprobar y encontrar los fondos para apoyar esta misión científica extendida, dado que la agencia está forzada a ejecutar operaciones de manera austera (en total, la NASA apenas recibe un 0,5% del presupuesto federal anual). Podemos solo esperar que la primera visita de la humanidad al antiguo cinturón de Kuiper, y la obtención de nuevas pistas sobre nuestros propios orígenes, no sean obstaculizados por un costo menor a lo que algunas  personas adineradas parecieran gastar en mansiones de mal gusto y otras baratijas.

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Caleb Scharf es director de el Centro Multidisciplinario de Astrobiología de la Universidad de Columbia. Ha trabajado en las áreas de cosmología observacional, astronomía de rayos X, y recientemente en ciencias exoplanetarias. Los títulos de sus libros incluyen Gravity's Engines (2012) y The Copernicus Complex (2014), ambos de Scientific American/ Farrar, Straus y Giroux. Sígalo en Twitter como @caleb_scharf