Uno de los lugares más populares por el turismo mundial, el sitio arqueológico de Chichen Itzá, en México, contiene una pirámide desconocida. La construcción se encuentra escondida por debajo de otras dos pirámides superpuestas y podría revelar más secretos sobre el origen y el  desarrollo de la cultura Maya, que utilizó el lugar hace más de 1.400 años. La tercera pirámide está dentro del imponente templo o pirámide de Kukulcán –como le llamaban los mayas que habitaron el lugar– o la pirámide El Castillo, el nombre que le pusieron los españoles. 

El templo es visitado hoy por más de 2 millones de personas por año. La segunda pirámide había sido descubierta en 1935 por arqueólogos mexicanos. Ahora, a través de una moderna técnica de tomografía que evita la excavación del sitio, un equipo de investigadores del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México, identificó a la tercera pirámide, que habría sido construida entre los años 600 y 800 después de Cristo. No se puede ver a simple vista, pero conserva un estilo “maya puro”, ya que hasta ese momento la cultura Maya no había recibido la influencia de otros grupos que dejaron su marca en el estilo del templo que hoy observan los turistas. Los detalles del reciente hallazgo en el sitio de Chichén Itzá –que forma parte del Patrimonio Mundial de la Humanidad según la UNESCO– se presentarán el 14 de diciembre durante el encuentro de Unión Americana de Geofísica, en San Francisco, Estados Unidos.

El hallazgo fue inesperado. Según contó a Scientific American el doctor en geofísica René Chávez Segura, en octubre de 2014 hicieron un levantamiento con 96 detectores con electrodos que rodearon la base del templo Kukulcán; allí dieron con una caverna con agua o “cenote”, un lugar que los mayas consideraban sagrado. Luego, se pusieron a trabajar en “iluminar” el interior del templo: emplearon la “tomografía de resistividad eléctrica tridimensional”, por la cual se envía corriente al subsuelo que se quiere estudiar y se reciben señales que indican la resistencia de los materiales. Así, se puede determinar si hay agua o diferentes tipos de materiales sólidos, con esos datos se genera una imagen tridimensional del subsuelo. 

Los investigadores confirmaron la presencia de la segunda pirámide que había sido descubierta en 1935, y luego descubrieron a la tercera. Las tres pirámides dan cuenta de la historia de ocupación de Chichen Itzá. “Hubo mucha controversia, pero ahora se aceptan tres períodos”, remarcó Denisse Argote, investigadora en arqueología que formó parte del equipo junto con Gerardo Cifuentes Nava, Esteban Hernández Quintero y Andrés Tejero Andrade. El origen de la gran urbe de Chichén Itzá se dio después del año 550 después de Cristo. Entre los años 800 y 1.100, hubo desarrollo y expansión, luego vino un período de decadencia. Esto significa que la pirámide ahora encontrada habría sido construida entre los años 600 y 800 después de Cristo; la segunda pirámide, después del año 800, y la primera (es decir, la construcción hoy a la vista) habría sido edificada alrededor del año 900. 

¿A qué se debe la construcción como las muñecas rusas matrioskas? “La edificación en varias fases constructivas fue muy común en toda Mesoamérica. El lugar donde se construía una pirámide o templo se transformaba en un punto donde convergían los planos sagrados con los planos terrenales, según las creencias de la cultura Maya. Antes de la construcción del nuevo templo, el anterior era ritualmente “matado”, ya que se pensaba que habitaban los entes superiores y los dioses, por lo que no podía ser simplemente destruido. De esta manera, el templo más antiguo servía como base para uno nuevo, y la sacralidad del lugar continuaba”, explicó Chávez Segura.

El descubrimiento es celebrado en la comunidad científica. Adriana Callegari, investigadora del Instituto de Arqueología y profesora de Prehistoria Americana de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, comentó a Scientific American que “el hallazgo de la tercera pirámide en Chichen Itzá ayuda a entender cómo fue el desarrollo de la cultura Maya hasta la llegada de los españoles. Además, es destacable que la investigación aporta nuevos conocimientos a través del uso de una técnica no invasiva para el sitio arqueológico. En general, la arqueología trabaja con técnicas que obligan a excavar en los sitios. En cambio, a través de la tomografía se iluminan estructuras que están por debajo de las otras que son observables a simple vista”. En tanto, Inés Gordillo Besalú, arqueóloga de la UBA, valoró que la técnica con tomografías se están utilizando más en el estudio de otros sitios de la cultura Maya, algo que “se está siguiendo con mucha expectativa”.