He escrito sobre muchas causas de extinción a lo largo de los años.

Cambio climático. Enfermedades. Caza excesiva. Contaminación. Y la lista continúa.

Bueno, aquí hay otra que podría entrar en la lista: un pene destrozado.

Normalmente, un único conjunto de órganos sexuales dañados no haría la diferencia en el gran esquema de las cosas. Pero nada que tenga que ver con la tortuga de caparazón blando de Shanghai (Rafetus swinhoei) es normal. En el mundo, solo queda una única pareja de esta especie capaz de copular. Las dos gigantes tortugas, cada una con edad estimada de más de un siglo, han vivido juntas en cautiverio en el Zoológico de Suzhou, en China, desde 2008 (Otras dos tortugas de este tipo, ambas machos, viven en Vietnam). A pesar de que han tenido conductas de apareamiento varias veces a lo largo de los años, la hembra nunca puso huevos fértiles.

Nadie sabe cuánto vivirán estas dos tortugas, pero el tiempo es, obviamente, esencial. Y por lo tanto, con el reloj corriendo, los científicos se pusieron a ver por qué no ocurría la fertilización. Eso supuso averiguar si el macho aún tenía esperma viable.

Recolectar una muestra de sus pequeños espermatozoides fue… desafiante. “Al principio intentamos la recolección de semen a través de la estimulación manual y del uso de un vibrador”, detalló Gerald Kuchling, de la Alianza para la Supervivencia de las Tortugas (TSA, por su sigla en inglés), en un comunicado. Por suerte, la información no incluyó fotos del procedimiento.

En fin, ninguno de esos métodos funcionó. Sin embargo, los científicos todavía tenían un truco más bajo la manga. Investigaciones anteriores en otra tortuga de caparazón blando mostró que sedar al animal y usar una técnica llamada electro-eyaculación podría ser una opción. Se trata de procedimientos arriesgados para un individuo centenario, pero el equipo de científicos dedicados a salvar a la especie de la extinción decidió que era el único camino a seguir.

Los investigadores anestesiaron a la tortuga. Fue entonces cuando descubrieron los órganos sexuales dañados, y teorizaron que eso podría haber sido causado durante una pelea con otro macho hace varias décadas, en la época en que sí había machos contra los que luchar. El daño no era lo suficientemente grave como para evitar la copulación, pero sí para bloquear la inseminación.

Para hacer la historia corta, los científicos obtuvieron su muestra y no mucho después la hembra conoció a su nuevo novio, el ‘Sr. Jeringa de Succión’.

Ahora empieza la espera. Primero, la hembra pondrá un cúmulo de hasta 60 huevos en las próximas semanas. Después de eso deberemos ver si son fértiles. “Muchos reptiles tienen un cambio en la apariencia del huevo llamado “bandas” cuando son fértiles y en las primeras etapas de incubación”, dice Paul Calle, veterinario jefe de la Sociedad de Conservación de la Fauna Silvestre, que trabajó con veterinarios chinos en el proceso de sedación. El procedimiento solo toma unos pocos días, “y si los huevos pasan por ese cambio, indicará que son fértiles”, señaló.

Entonces esperaremos de nuevo para ver si los huevos eclosionan. Si eso ocurre, hay buenas posibilidades de que la especie realmente se salve de la extinción. “El acervo genético, obviamente, será pequeño, pero tener bebés, sin duda, será muy bueno para la especie”, dice Calle. “Sin bebés no hay esperanza”. También podría considerarse convocar a los otros dos machos que hay en Vietnam para diversificar la reserva genética, pues la hembra puede poner varias nidadas al año.

El siguiente paso, en muchas lunas a partir de ahora, será lograr que algunos de los recién nacidos también se reproduzcan y amplíen aún más la especie. Probablemente eso no sucederá hasta por lo menos unos 10 a 15 años, dice Rick Hudson, biólogo del Zoológico de Fort Worth y presidente de la TSA. Por ahora, sin embargo, cualquier eclosión de huevos será una victoria suficiente para esta especie en peligro crítico.

Fotos de Gerald Kuchling, cortesía del Wildlife Conservation Society

Dos veces por semana, John Platt arroja luz sobre las especies en peligro de extinción de todo el mundo, explorando no sólo por qué están muriendo, sino también qué se está haciendo para rescatarlas del olvido. Siga en Twitter @johnrplatt

Las opiniones expresadas son del autor y no necesariamente representan las de Scientific American.