Patagonia, la tierra soñada para los cazadores de fósiles de enormes y feroces dinosaurios, ha dado uno de sus frutos paleontológicos más delicado y sorprendente. Científicos han hallado los restos fosilizados de unos tomatillos, que se convierten en la prueba más antigua de la familia solanácea, un grupo de plantas en donde se encuentran varias de especies de importancia agrícola, como la papa, el tomate, el chile y el tabaco.

El trabajo se publica hoy en la revista Science. Los fósiles fueron hallados en Laguna del Hunco, en Chubut, Patagonia, Argentina.

 “Se trata del registro definitivamente más antiguo de esta familia de tremenda importancia económica en la actualidad: 52 millones de años. Además, dado que las características del fósil es idéntica al género Physalis que vive en la actualidad, sugiere que esa condición morfológica moderna y más derivada ya había aparecido más de 50 millones de años atrás en la Patagonia, lo cual habla de una tremenda diversificación inicial de la familia”, sintetiza Rubén Cúneo, investigador del Museo Egidio Feruglio-Conicet en Argentina, una de la instituciones que participó de este trabajo.

Hasta ahora, los registros fósiles de las solanáceas habían sido bastante pobres y limitados solo a semillas y restos de madera con poco valor para conocer su evolución. Por este motivo, los tomatillos fosilizados tienen un valor paleobotánico único. Además, sorprende que sean del género Physalis, unas plantas especiales dentro de esta familia porque sus frutos poseen cáscaras delicadas (cálices inflados). “Estos fósiles son raros porque son delicados y de fácil degradación una vez que se desprenden de la planta madre”, dice Cúneo.

Frutos secos de Physalis angustifolia, que se encuentran en la Florida, EE.UU., permiten ver la similitud con los frutos fosilizados hallados en la Patagonia. Crédito: Peter Wilf, Penn State

Importancia científica y económica

“La comprensión de la evolución temprana de la familia de las solanáceas es importante para que podamos entender cómo y bajo qué condiciones han evolucionado diferentes rasgos útiles para nosotros los humanos, como los tubérculos en las patatas o las frutas carnudas en los tomates”, explica Tiina Särkinen, experta en esta familia de plantas del Jardín Botánico Real de Edimburgo, quien no participó de esta investigación. “Estos fósiles ayudarán a comprender eso y permitirá que los expertos en solanáceas ubiquemos mejor nuestros hallazgos en esa escala de tiempo. Los descubrimientos fósiles son extremadamente importantes porque muestran evidencias reales de los tiempos pasados. Podemos ver a qué se parecían algunas de las especies de esta familia vegetal hace 52 millones de años. Eso es increíble”, agrega.

Hasta ahora los botánicos habían calculado la antigüedad de la familia solanácea de manera indirecta a partir de estudios moleculares. “La edad de estos fósiles se establecieron sobre la base de dataciones radiométricas basadas en el método argón-argón en material geológico asociado y arrojó una diferencia de más de 30 millones de años respecto de la edad que se asumía partir de métodos moleculares”, explica Cúneo.

Para el experto argentino entender la evolución y filogenia de las plantas ayuda a su posterior utilización económica a partir de modificaciones genéticas que se puedan introducir. “También debe destacarse que su hallazgo en la Patagonia hace 50 millones de años, cuando el clima era subtropical, habla de cuánto más se podrían extender los cultivos en el planeta si las franjas climáticas más templadas se extendieran hacia los polos”, detalla.

Särkinen agrega cualquier estudio centrado en rasgos como la tolerancia a la sequía, una vía genética para controlar un carácter morfológico particular, la resistencia a patógenos o el contenido de azúcar en los frutos, siempre se basa en la comprensión de las relaciones y escala temporal evolutivas de estas plantas.

Pistas sobre Gondwana

“Analizamos exhaustivamente cada detalle de estos fósiles en comparación con todos los parientes vivos potenciales y no hay duda de que representan los primeros fósiles de Physalis del mundo y los primeros frutos fósiles de la familia solanácea”, comenta Peter Wilf, de la Universidad Estatal de Pensilvania, EE.UU., otra institución que participó del hallazgo.

Wilf además explica que el género Physalis se ubica cerca de los extremos del árbol evolutivo de esta familia, “lo que significa que las solanáceas en su conjunto son mucho más antiguas que 52 millones de años, contrario a lo que se podría pensar”.

Hasta el momento, estos son los únicos fósiles de Physalis encontrados entre más de 6.000 restos paleontológicos recogidos en este yacimiento en la Patagonia. El lugar fue un extremo del antiguo continente Gondwana, compuesto por las masas de tierra adyacentes de América del Sur, Antártida y Australia, durante un período cálido de la historia de la Tierra, justo antes de su separación final.

El género Physalis está formado por unas 120 especies, todas nativas de América, y su centro de diversidad es México. Los investigadores señalan que los fósiles hallados muestran una rara conexión entre las plantas patagónicas de finales de Gondwana y las plantas vivas del Nuevo Mundo. Sin embargo, la mayoría de las otras plantas fósiles halladas en el sitio tienen parientes vivientes en Australasia, como el eucalipto. Esto indica que en esa época había una conexión terrestre a través de Gondwana desde América del Sur hasta Australia a través de la Antártida.

Para Särkinen aún queda una gran pregunta por responder: ¿Estos fósiles pertenecen realmente a una especie de tomatillo ya extinto? “Es emocionante pensar que este es un pariente pasado de lo que ahora comemos en nuestras salsas. Nos hace preguntar qué más hay allí entre los fósiles. América del Sur es especialmente muy importante porque mucho queda por descubrir. No solo los dinosaurios, sino también los fósiles de plantas como estas”, comenta.