Desde 1929 se ha intentado utilizar una vacuna para ponerle un freno al dengue, la enfermedad viral que se transmite por las picaduras de mosquitos y que –hasta hace poco– se encontraba solo en las zonas tropicales y subtropicales.  Ahora, una vacuna superó por primera vez un ensayo clínico en fase III, y podría estar disponible a fines de 2015. No dará una protección total, pero marcó un “hito”.

Es una vacuna “tetravalente” porque brinda protección contra los 4 serotipos del virus. El ensayo se llevó a cabo entre 2011 y 2012 en más de 20.000  niños sanos de entre 9 a 16 años de Colombia, Brasil, México, Puerto Rico y Honduras. Recibieron tres dosis. Se seleccionó a esos países por la cantidad de casos de dengue que se presentan allí anualmente. Según los resultados publicados en la revista New England Journal of Medicine, la eficacia global de la vacuna alcanzó al 60%. Se detectó que es más eficaz para prevenir la infección por el serotipo 4 y menos para el 2.
 
La inmunización contra el dengue tiene interés mundial, ya que no existe un tratamiento específico y la infección avanzó incluso en países con climas más templados, como la Argentina. Antes de 1970, solo nueve países habían sufrido epidemias. Ahora la enfermedad es endémica en más de 100 países de las regiones de África, las Américas, el Mediterráneo Oriental, Asia Sudoriental y el Pacífico Occidental. En América, los infectados se quintuplicaron entre 2003 y 2013.

Durante el año 2014, hubo 909.000 infectados en el continente y 370 muertes en Guatemala, Perú, Panamá, Colombia, Brasil, Paraguay, República Dominicana y Martinica. Sufren síntomas parecidos a los de la gripe, con fiebre alta, dolor de cabeza muy intenso, dolor detrás de los globos oculares, dolores musculares y articulares, náuseas, vómitos, agrandamiento de ganglios linfáticos o salpullido.

La vacuna más avanzada, que es desarrollada por la empresa francesa Sanofi Pasteur, había sido evaluada antes con niños en otro ensayo que se hizo en cinco países de Asia. “Después de una historia de 86 años de búsqueda, los primeros resultados de una vacuna en fase III en América Latina son un hito importante: tuvo un 60,8% de eficacia global en los cinco países latinoamericanos. Es consistente con los resultados en Asia. Una repetición del ensayo no cambiará esas observaciones, aunque otras vacunas en desarrollo podrían tener una eficacia mayor”, dijo a Scientific American Andrea Vicari, que es asesor regional en inmunización de la Organización Panamericana de la Salud y no estuvo involucrado en el ensayo. La vacuna consiguió también un 95,5% de protección contra el dengue severo y un 80,3% de reducción en el riesgo de hospitalización.

“La vacuna con virus atenuado –que servirá también para los adultos– tiene un diseño muy interesante”, resaltó Andrea Gamarnik, jefa del laboratorio de virología molecular de la Fundación Instituto Leloir en Buenos Aires, Argentina, y miembro de la Academia Estadounidense de Microbiología. La experta se refiere al hecho de que la parte de adentro de la vacuna es del virus de la fiebre amarilla, pero la superficie está formada por componentes del virus del dengue. De esta forma, el sistema inmune humano desarrolla una respuesta contra la superficie del virus del dengue. “Por eso se llama una vacuna quimera”, acotó.

Cinco más en desarrollo
Además de la vacuna quimera, hay otras cinco inmunizaciones en camino. Dos ya pasaron la fase II y son desarrolladas en el Instituto Butantan de Brasil (aunque la vacuna fue producida originariamente por investigadores de los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos) y en la empresa japonesa Takeda. Ambas son también vacunas con virus atenuado y se espera que estén disponibles para el año 2018. Además, hay esperanza en otras tres vacunas en fase I que son diferentes ya que tienen virus inactivado o al ser una vacuna de ADN. Esas innovaciones son desarrolladas –por separado– por las empresas GlaxoSmithKline y Merck, y el Centro de Investigación Médica de la Armada de los Estados Unidos.

Las vacunas están en marcha, pero hay investigadores que sostienen que hay obstáculos para sortear. Sarah George, investigadora en desarrollo de vacunas contra el dengue del Centro Médico de la Universidad de Saint Louis, en los Estados Unidos, expresó al ser consultada por Scientific American, que “aún no existe un test de sangre que nos diga qué constituye inmunidad para dengue, tal como lo hacemos con la vacuna de la gripe o la fiebre amarilla. Necesitamos saber más sobre los aspectos del sistema immune que nos protegen del dengue, y por qué hay gente que es menos vulnerable a la enfermedad después de varias exposiciones al virus. Tampoco sabemos cuánto virus se necesita para desarrollar la inmunidad efectiva a la enfermedad. Los resultados del ensayo de la vacuna en fase III son excelentes, aunque sugieren que la exposición a la proteína de cobertura solamente puede ayudar, pero no es suficiente”.

En tanto, Gamarnik también agregó: “El resultado del ensayo nos dice que debemos redoblar esfuerzos y seguir estudiando los mecanismos de infección del virus”. Mientras que las vacunas lleguen a estar disponibles, la Organización Mundial de la Salud recuerda que “hoy por hoy, el único método para controlar o prevenir la transmisión del virus del dengue consiste en luchar contra los mosquitos vectores”.