KEYSTONE, Colo.—El intestino es campo de constantes guerras territoriales. Centenares de especies bacterianas (junto con hongos, arquea y virus) compiten a diario por los recursos. Algunas empresas abogan por consumir más probióticos (bacterias vivas beneficiosas) para mejorar la comunidad microbiana de nuestro intestino, pero cada vez más, la investigación apoya la idea de que el mejor enfoque sería alimentar a las bacterias beneficiosas que ya albergamos de por sí. ¿Su alimento preferido? La fibra.

Desde hace tiempo la fibra se relaciona con una mejor salud, pero una nueva investigación muestra cómo la microbiota intestinal podría jugar un importante papel en este proceso. Un estudio desveló que añadir más fibra a la dieta, podría transformar un perfil microbiano asociado a la obesidad en otro relacionado con un físico más esbelto. Otra investigación reciente muestra que cuando la microbiota está privada de fibra, puede alimentarse de la capa mucosa que protege al intestino, produciendo inflamación y ciertas enfermedades.

"La dieta es una de las herramientas más poderosas que tenemos para cambiar la microbiota," afirmó el biólogo de la Universidad de Stanford Justin Sonnenburg, en el Keystone Symposia, una conferencia sobre microbioma intestinal celebrada a principios de mes. "La fibra de la dieta y la diversidad de la microbiota se complementan entre sí para obtener mejores resultados en términos de salud". En particular, los microbios beneficiosos se alimentan con las fibras fermentables (provenientes de verduras, granos integrales y otros alimentos) que no son digeridas por las enzimas humanas durante su viaje por el tracto intestinal. Estas fibras llegan al intestino grueso relativamente intactas, listas “para ser devoradas” por la microbiota. Los microbios extraen energía extra de la fibra, así como nutrientes, vitaminas y otros compuestos. Los ácidos grasos de cadena corta obtenidos a partir de la fibra son de gran interés, ya que se han relacionado con una mejor función inmunitaria, una disminución de la inflamación, y con la protección contra la obesidad.

“Sin embargo, la actual dieta occidental es extremamente pobre en fibra, comparada con los estándares históricos. Aproximadamente nos aporta 15 gramos de fibra al día”, señaló  Sonnenburg. Durante la mayor parte de nuestra historia, como cazadores-recolectores, consumíamos unas 10 veces más fibra al día. "Imagínese el efecto que ha tenido este hecho en la microbiota a lo largo de nuestra evolución", comentó.

Uno es lo que come
No obstante, no toda la fibra útil debe provenir de las raíces y forraje de los que nuestros antepasados ​​se alimentaban, sugiere una investigación reciente. Kelly Swanson, profesora de nutrición comparada en la Universidad de Illinois, en Urbana-Champaign, encontró que si se añadía un solo tentempié rico en fibra a la dieta diaria de los participantes en un estudio, sus perfiles microbianos oscilaban en pocas semanas.

En su trabajo con 21 adultos sanos y una ingesta de fibra media de Estados Unidos, una merienda rica en fibra al día (de 21 gramos de fibra) durante tres semanas, aumentó significativamente el número de bacterias Bacteroidetes y disminuyó el número de Firmicutes, en comparación con los niveles previos al estudio y respecto los niveles tras tres semanas consumiendo tentempiés sin fibra. Esta relación (más Bacteroidetes y menos Firmicutes), corresponde con un menor índice de masa corporal (IMC). Los hallazgos fueron publicados en la edición de enero de la revista American Journal of Clinical Nutrition.

"Siempre hemos sabido que comer mucha fibra ayuda a bajar de peso", comenta Swanson. Este y otros estudios recientes sugieren que nuestros microbios intestinales son un factor clave en esta relación. Además de identificar los grupos de bacterias, una exploración del genoma reveló un patrón cambiante de genes activos en los microbios intestinales. A medida que aumentaba el consumo de fibra, la actividad de los genes asociados con el metabolismo de proteínas disminuyó, un hallazgo que los investigadores esperan que les ayude a entender la compleja ecuación entre dieta y pérdida de peso. "Nos estamos acercando a la verdadera causa - efecto", apunta Swanson.

Alimentar a los microbios para que no se alimenten de usted
Si los microbios intestinales están privados de fibra fermentable, algunos mueren. Sin embargo, otros son capaces de cambiar de fuente de alimento: el revestimiento mucoso que ayuda a mantener intacta y sin infecciones la pared intestinal.

En un reciente estudio presentado en el Keystone Symposia, Eric Martens de la Escuela de Medicina de la Universidad de Michigan  y el investigador postdoctoral Mahesh Desai observaron que este cambio de fuente alimentaria tuvo importantes consecuencias en roedores. Un grupo de ratones alimentados con una dieta rica en fibra presentaban un revestimiento saludable del tubo digestivo, pero en los ratones con una dieta sin fibra, "la capa de moco disminuyó drásticamente", explicó en la conferencia. Este cambio puede tener graves consecuencias para la salud. Una investigación realizada por un equipo sueco, y publicada el año pasado en la revista Gut, mostró un vínculo entre las bacterias que penetran en la capa de moco y la colitis ulcerosa, una enfermedad intestinal crónica y muy dolorosa.

Un tercer grupo de ratones recibió alimento rico en fibra y alimento sin fibra en días alternos "como lo haríamos si nos portásemos mal, y un día comiésemos en McDonalds y al día siguiente cereales integrales", bromeó Martens. Incluso la dieta rica en fibra a tiempo parcial no consiguió mantener la salud intestinal: los ratones presentaban una capa de moco la mitad de gruesa que los ratones con una dieta rica en fibra a tiempo completo. “Si podemos extrapolar estos resultados a humanos, vemos que incluso si comemos alimentos ricos en fibra cada dos días, no es suficiente para protegernos. Debemos consumir una dieta rica en fibra a diario para mantener un intestino sano", comentó. En la misma línea, el grupo de Swanson apreció que el microbioma intestinal de los sujetos adultos volvía a sus perfiles iniciales tan pronto como se interrumpía el consumo de tentempiés ricos en fibra.

Martens y sus colegas también observaron que los ratones con una dieta rica en fibra ingerían menos calorías y eran más delgados que los ratones con una dieta sin fibra, lo cual demuestra que la fibra beneficia desde muchas perspectivas. "Estos estudios son magníficos ya que nos llevan hacia los mecanismos que explican por qué la fibra es beneficiosa", dice Swanson.

Como ponen de relieve estas investigaciones, el microbioma intestinal es excepcionalmente plástico. Estos cambios influenciados por la dieta probablemente nos ayudaron a lo largo de nuestra evolución (cambiando más rápido de lo que podría hacerlo nuestra propia fisiología), escribieron Justin y Erica Sonnenburg en un artículo para Cell Metabolism en noviembre de 2014. "Delegando parte de nuestra digestión y captación de calorías a la microbiota intestinal, esta podría ajustarse fácilmente día a día o en cada estación según la disponibilidad de alimentos", señalaron.

Nuevos estudios siguen confirmando que los cambios microbianos debidos a la dieta son "en gran parte reversibles a corto plazo” Pero la pregunta sigue siendo cómo una dieta pobre en fibra –consumida de manera crónica durante una vida o varias generaciones– podría alterar permanentemente a nuestros intestinos y nuestra salud.