Los niveles de contaminación de mercurio altamente tóxicos en el atún rojo del Atlántico están disminuyendo rápidamente, según un nuevo estudio. Esta tendencia no afecta los límites recomendados para el consumo de atún enlatado, que proviene principalmente de otras especies de atún. Tampoco refleja tendencias en otras cuencas oceánicas. Sin embargo, representa una ruptura importante en la conexión duradera y aterradora entre el atún y el mercurio, fuente de preocupación pública desde 1970, cuando un profesor de química en la ciudad de Nueva York encontró niveles excesivos de mercurio en una lata de atún y propició que se retirara el producto a nivel nacional. El consumo de atún sigue siendo la fuente de alrededor del 40 por ciento de la contaminación por mercurio en la dieta estadounidense. Y la exposición al mercurio proveniente de las otras fuentes sigue siendo un tema importante, ya que causa deterioro cognitivo en un estimado de 300.000 a 600.000 bebés nacidos en EE.UU. cada año.

El nuevo estudio, publicado en línea el 10 de noviembre por Environmental Science & Technology, vincula directamente la disminución a las emisiones reducidas de mercurio en América del Norte. La mayor parte de esa reducción se ha producido debido al alejamiento de las centrales eléctricas y la industria del carbón, principal fuente de emisiones de mercurio. Los requisitos de control de la contaminación impuestos por el gobierno federal también han reducido las emisiones de mercurio.

Sin embargo, el progreso en ambos aspectos podría revertirse con el presidente electo Donald Trump prometiendo el regreso a la industria del carbón de Estados Unidos, en parte, eliminando tales regulaciones.

Para el nuevo estudio, un equipo de media docena de investigadores analizó muestras de tejidos de casi 1.300 atunes del Atlántico capturados por pesquerías comerciales, principalmente en el Golfo de Maine, entre 2004 y 2012. Encontraron que los niveles de concentración de mercurio disminuyeron más de 2 por ciento por año, para una disminución total del 19 por ciento en tan solo nueve años.

Aunque los investigadores estaban conscientes de la disminución de la cantidad de mercurio que entraba en la atmósfera sobre América del Norte, fue una sorpresa cuando esta mejora también apareció en la carne, dice el co-autor del estudio Nicholas Fisher, un biogeoquímico marino de la Universidad Stony Brook. El atún rojo del Atlántico es un gran predador que se mueve rápidamente en la parte superior de la cadena alimentaria y vive en promedio entre 15 y 30 años. Esos rasgos los hacen perfectos para acumular mercurio y otros contaminantes ambientales. Para que los peces demostraran señales de recuperación “podría habernos tomado fácilmente un siglo", observa Fisher. La conclusión contraria "me dice que no solo tenemos que preocuparnos por el alto nivel de mercurio en estos peces. Sino que hay algo que podemos hacer al respecto y obtener resultados muy rápidos”.

El estudio también es sorprendente porque el mercurio se mantiene por largo tiempo en el medio ambiente, dice Noelle Eckley Selin, un químico atmosférico del Instituto de Tecnología de Massachusetts, que no participó en la investigación. Mientras que las aguas superficiales reflejan los cambios recientes en las emisiones de mercurio, las emisiones pasadas de principios de la era industrial pueden persistir durante siglos en el océano profundo.

El nivel de contaminación por mercurio también ha disminuido en la costa atlántica, según un estudio de 2015. Pero esa evaluación se basó en datos menos confiables y en una especie que tiene una vida mucho más corta, observa Carl Lamborg, biogeoquímico de la Universidad de California en Santa Cruz, que no participó en ninguna de las investigaciones. El hallazgo del atún rojo "demuestra que incluso la pesca que habríamos pensado que tenía cierta inercia química se puede limpiar si dejas de poner mercurio en el sistema", dice. El atún rojo es un pescado muy apreciado, vendido sobre todo en Japón, donde un solo pez fue vendido por 118.000 dólares en una subasta a principios de este año. Las variedades Atlántico y Pacífico están catalogadas como especies en peligro de extinción por la lista roja de especies amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

El nuevo estudio se produce mientras las emisiones mundiales de mercurio continúan en aumento, particularmente en el Pacífico, fuente de la mayoría del atún y otros mariscos consumidos en Estados Unidos, China, India y otros países asiáticos.

A pesar de la promesa de la campaña del presidente electo Trump de revivir la industria del carbón en el país, los factores económicos, incluida la competencia por el gas natural barato, hacen improbable el regreso del carbón estadounidense. Incluso el líder de la mayoría en el Senado estadounidense, Mitch McConnell, quien durante ocho años culpó a la administración Obama por la desaparición del carbón, comenzó a retroceder en la idea de que el control republicano en Washington, DC, haría mucha diferencia: "Es difícil decir si eso traerá de vuelta inmediatamente los negocios", dijo en Kentucky el 11 de noviembre, "porque es una actividad del sector privado”.

En cualquier caso, el Instituto de Investigación de Energía Eléctrica (EPRI, por sus siglas en inglés), una organización sin fines de lucro financiada por las empresas de servicios públicos, proyecta que las emisiones de mercurio de las centrales eléctricas estadounidenses serán alrededor de 85 por ciento más bajas en 2017, respecto a 2010. El retiro planificado de las centrales de carbón en conjunto a las actualizaciones de control de la contaminación ya instaladas para cumplir con las regulaciones de la Agencia de Protección Ambiental, impulsarán la disminución esperada. Esas regulaciones enfrentan desafíos legales continuos pero “no se  puede retroceder en los controles que ya se han impuesto”, dice Leonard Levin, analista de la calidad del aire de EPRI.

La mayor preocupación, señala Selin, es el plan de Trump de abandonar las principales iniciativas del gobierno de Obama en materia de cambio climático. Estas iniciativas incluyen el Plan de Energía Limpia, que establecería un límite nacional cada vez menor para la contaminación de carbono de las empresas eléctricas y el recién firmado acuerdo de París de 2016, en el cual 193 naciones se comprometieron a limitar la contaminación por carbono. Estados Unidos también es parte de la Convención de Minamata sobre el Mercurio, un tratado diseñado para reducir las emisiones de mercurio en todo el mundo que probablemente entrará en vigor en 2017. (El nombre proviene de Minamata, Japón, lugar de uno de los más terribles desastres ambientales del siglo XX que trajo como consecuencia defectos de nacimiento severos y otros trastornos como resultado de la contaminación por mercurio en los mariscos).

"Estas cuestiones están vinculadas", dice Selin. "Quemar más carbón significa más dióxido de carbono y más mercurio, y estas son las cosas que se conectan muy directamente con la salud de las personas en EE.UU. El futuro de las emisiones de mercurio realmente depende de las fuentes de energía en Asia", y requiere “la participación de EE.UU. para fomentar” la producción de energía proveniente de fuentes distintas al carbón. Sin ese alejamiento global del carbón, todos los avances respecto a la contaminación del mercurio alcanzados hasta ahora en Norteamérica podrían ser en vano.