La enorme cumbre del Mauna Kea tiene muchos significados para muchas personas. Para los astrónomos es un campo de juegos estelares a gran altitud, uno de los mejores lugares de la Tierra para explorar el firmamento con mínima distorsión atmosférica. Para los ambientalistas, es un "ecosistema en el cielo" que alberga especies raras como el wekiu, un insecto que no se encuentra en ningún otro lugar del mundo. Para los líderes espirituales de Hawái es el hogar de los dioses, el lugar más sagrado de la mayor isla de Hawái.
 
A pesar de sus vastas extensiones de lava y hielo, el volcán Manu Kea parece no ser suficientemente grande para dar cabida a los deseos de los tres grupos. El volcán inactivo se ha convertido en un campo de batalla entre los astrónomos (que han colocado 13 telescopios en su cumbre y ahora desean construir uno más) y los activistas culturales y ambientales de Hawái, que opinan que la observación de estrellas ya ha tenido demasiado impacto en la montaña de 4.205 metros de altura.

Dos demandas pesan sobre la propuesta del Instituto Tecnológico de California y la Universidad de California para construir el Telescopio de Treinta Metros (TMT); en octubre los activistas sabotearon la puesta en marcha del proyecto con una protesta que fue noticia en todo el mundo. Hasta ahora, los tribunales han fallado a favor del telescopio y su construcción ya ha empezado, pero los activistas han apelado y dicen que van a seguir protestando.
 
Para los astrónomos, el nuevo telescopio representa una gran promesa: con un espejo casi tres veces más grande que cualquier otro en la Tierra, podría detectar señales de vida en otros sistemas solares y proporcionar pistas sobre los orígenes del universo. Pero para algunos hawaianos, representa la profanación continua de un lugar sagrado. Los antiguos hawaianos consideraban al volcán como el cordón umbilical que conectaba la tierra a los cielos, y la montaña era utilizada como un lugar de entierro, altares y culto. En el Manua Kea se han registrado miles de santuarios y otros lugares de culto, y muchos siguen siendo visitados por familias hawaianas. Los pescadores todavía hacen ofrendas al  volcán para pedir una buena pesca, mientras los cazadores continúan rastreando sus boscosas faldas en busca de presas.
 
Kealoha Pisciotta, una de la media docena de demandantes luchando por detener el proyecto, se encuentra en la inusual posición de tener amigos en ambos lados del debate. Pisciotta fue especialista de sistemas en el radiotelescopio  James Clark Maxwell durante 12 años. Mientras tanto, mantuvo un santuario familiar cerca de la cumbre y dirigió un grupo de patrimonio cultural. "Yo desciendo de navegantes polinesios, las personas que llevan el conocimiento de las estrellas, por lo que en un principio no vi el conflicto entre los telescopios y la montaña", comenta Pisciotta. "Solo empecé a verlo más adelante cuando ya hubo problemas, gente saqueando antigüedades de la montaña, construcción de telescopios más grandes que afectaban el paisaje, y la destrucción de importantes lugares de interés".

Una de las quejas de los activistas es la cantidad de construcción en la cima. Los abundantes caminos y edificios han disminuido la impresionante belleza del paisaje en la cumbre, que una vez fue un sitio virgen, dice Pisciotta. Algunos de los telescopios ya son vistos por el 72% de la población de la isla, de acuerdo con un informe de impacto ambiental, y los ecologistas argumentan que el desarrollo ya ha dañado el hábitat del insecto wekiu y de otras especies endémicas de flora y fauna.
Los directores del proyecto dicen que el nuevo telescopio ha sido cuidadosamente diseñado para evitar estos impactos. Aunque el TMT equivalga a 18 pisos de altura (es el edificio más grande de la isla), solo será visible por el 15% de la población de la isla y afectará únicamente a 0,08 hectáreas del hábitat del wekiu.

Si los activistas consiguiesen frenar el TMT, no sería la primera vez. En 2002 un tribunal federal bloqueó un plan de la NASA para construir media docena de telescopios de 1,8 metros de altura en la montaña, porque no pudo hacer una evaluación ambiental integral. La NASA finalmente abandonó el proyecto.

Otras dos cumbres de Estados Unidos se han convertido en “zonas de combate “entre astrónomos y activistas. A finales de 1980 los astrónomos del Mount Graham National Observatory, en Arizona, recibieron oposición a la construcción de un telescopio por parte de ambientalistas defensores de la ardilla y de los apaches de San Carlos  que llevan a cabo ceremonias religiosas en la montaña. Finalmente los astrónomos ganaron la batalla, pero los retrasos obligaron a reducir el tamaño de su proyecto. En la década del 2000, el Kitt Peak Observatory, construido en la reserva tribal de la Nación Tohono O'odham, se convirtió en otro lugar de conflicto. En 2005 la tribu paró con éxito el avance de un nuevo telescopio de 13 millones de dólares en el observatorio.

Cuando surgieron estos conflictos los astrónomos "se sintieron atacados", afirma Leandra Swanner, socióloga e historiadora de la Universidad Estatal de Arizona, en Tempe. Estaban acostumbrados a estar desprotegidos, continuamente asediados por la financiación y el apoyo. La comunidad astronómica reaccionó desestimando los reclamos de los indígenas por  falsos, anticuados y anti-ciencia, mostrando una visión todavía actual. El pasado octubre en una columna del The New York Times, el escritor científico George Johnson comparó la oposición de Hawái hacia el telescopio con la opresión de Galileo por parte de la Iglesia Católica, sugiriendo que los manifestantes indígenas eran peones de los ecologistas que "han aprendido que unos cuantos nativos vestidos tradicionalmente pidiendo la devolución de las tierras sagradas puede llamar más la atención que los argumentos sobre las especies en peligro de extinción y los ecosistemas frágiles ".
 
Pisciotta se indignó ante estas palabras, diciendo que los nativos tienen todo el derecho a reclamar, y que pueden hacerlo sin ser anti-científicos. Señaló que los demandantes han invertido decenas de miles de dólares en la campaña debido a la profunda implicación personal que sienten.

Los líderes del TMT han sido más cuidadosos que sus predecesores y se han tomado la oposición en serio, tratando de ganar apoyo público para su proyecto. La portavoz del TMT Sandra Dawson, comenta que su equipo tuvo más de 300 " talk–story sessions " el término coloquial hawaiano para el diálogo con los miembros de la comunidad. Entre ellas, han participado en  media docena de audiencias públicas muy concurridas, y según sus estimaciones, más de la mitad de la población de la isla apoya el proyecto. Recogieron miles de páginas de testimonios y realizaron una extensa revisión del impacto ambiental y cultural, que hasta el momento cuenta con la aprobación de la Junta de Tierras de Hawái y sus tribunales.

Richard Ha, dedicado al cultivo del plátano y miembro del Consejo de Desarrollo Económico de la isla de Hawái, afirma que inicialmente estaba indeciso sobre el nuevo telescopio, pero ahora lo apoya. Este apoyo se consiguió cuando los responsables del TMT prometieron $ 1 millón al año para  las escuelas públicas de la isla, pero lo más importante dice, es que los líderes del proyecto han tratado a los isleños con respeto. "Lo primero que hicieron bien fue hablar con la comunidad", dice. "Esto representó un gran trato, porque antes de esto, se hubiesen tomado decisiones de alto nivel y los isleños habrían tenido que lidiar con ello, les gustase o no.”

Sin embargo, el proyecto todavía se enfrenta a una oposición considerable. En octubre, 500 personas se presentaron por sorpresa para protestaren en el acto inaugural de construcción del telescopio, mostrando que todavía quedan focos de oposición. Esta resistencia puede deberse en parte a una nueva apreciación de la herencia hawaiana como parte de un "nuevo renacimiento de Hawái", comentó el manifestante Joshua Lanakila Mangauil, quien afirma que los esfuerzos para proteger el Mauna Kea son una parte muy importante de ese renacimiento. "Los hawaianos están aprendiendo las leyes que se usaron contra nosotros. Estamos aprendiendo el “juego legal” y lo estamos usando para reclamar nuestra gente, nuestras islas y nuestra cultura. "
 
Después de que unos 50 manifestantes se tumbaran en medio de la carretera e irrumpieran la ceremonia,  el acto inaugural de construcción fue abortado. Su maestro de ceremonias concluyó: "Esperamos ser capaces de llegar a acuerdos y continuar con la construcción en el futuro."
 
Sin embargo Dawson del TMT comentó que decidieron no volver a programar el evento. "No tendremos más eventos ceremoniales. Nos limitaremos a seguir adelante."