Durante décadas, los científicos pensaron que, en aras de mantener un imperio próspero y poderoso a lo largo de los territorios que hoy conforman El Salvador, Honduras, Guatemala, Belice y el sureste de México, la élite maya debió ejercer un estricto control sobre su gente, sus costumbres y su economía.

Pero nuevas pistas halladas en Cerén, un parque arqueológico ubicado a escasos 35 kilómetros al oeste de San Salvador, en pleno corazón de El Salvador, cuentan una historia muy diferente de esta civilización que surgió cerca del año 1.000 a.C. y se desarrolló hasta colapsar en el siglo XVI.

Apodada como la “Pompeya del Nuevo Mundo”, los restos arqueológicos de Cerén fueron descubiertos por Payton Sheets, antropólogo de la Universidad de Colorado, en Boulder, en 1976, debajo una capa de ceniza de más de cinco metros de espesor generada por una erupción del volcán Loma Ladera, ocurrida hace aproximadamente 1.400 años. 

Casi cuatro décadas después del hallazgo, un equipo de arqueólogos y antropólogos de Estados Unidos y El Salvador, bajo el liderazgo de Sheets, han excavado la ciudadela encontrando cientos de objetos de uso cotidiano, los cuales habían sido conservados en excelentes condiciones gracias a la capa de ceniza volcánica que los cubría. Los científicos creen que la erupción del volcán fue de tal magnitud que obligó a los habitantes a abandonar la ciudadela sin poder rescatar sus pertenencias, dejándolas prácticamente intactas. “Esto hace de Cerén uno de los sitios arqueológicos más ricos de la región”, dijo a Scientific American Sheets.  

Los datos de las excavaciones cuentan la historia de una comunidad que parecía tener mucha libertad para tomar decisiones cruciales sobre organización familiar, el cultivo de alimentos y la adoración de sus dioses, tal como revela un artículo publicado en Latin American Antiquity.

Entre los hallazgos más relevantes está el de una pequeña calzada, o sacbe, la única calle maya que se conoce hasta ahora en El Salvador y que conectaba la zona de viviendas y edificios públicos con un cultivo de yuca. Entre la ciudad y el campo, los investigadores también encontraron diversos cultivos divididos en parcelas.

“Estas pequeñas plantaciones no seguían un proceso estandarizado: unos cultivos estaban mejor mantenidos que otros, seguían diferentes orientaciones. Eso significa que tenían diferentes propietarios y no un dueño único, algo que solo es posible si los habitantes de Cerén tenían cierta independencia social”, explica Roberto Gallardo, arqueólogo del Museo Nacional de Antropología de El Salvador Dr. David J. Guzmán, y colaborador de la investigación.

Esta imagen muestra la angosta calzada de Cerén —una callejuela también conocida como sacbe—. Los pequeños montículos al fondo son plantaciones de maíz. Los arqueólogos creen que estas plantaciones no tenían un único dueño, lo cual es un indicio de la independencia económica que los ciudadanos de Cerén parecían tener de la élite maya. Créditos: Universidad de Colorado.

Aún así, el hecho de que había una calle quiere decir que debía existir alguna forma de autoridad local, alguien que decidiera cuál era el mejor sitio para construirla y hacia dónde debía ir, dice Rocío Herrera, investigadora del Departamento de Arqueología de la Secretaría de Cultura de la Presidencia de El Salvador y coautora del estudio. “Creemos que los ancianos de la comunidad tenían un voto importante en cómo debían tomarse algunas decisiones, como la de la construcción de la calzada, pero aparte de eso, todo nos indica que no estaban dominados por una autoridad de élite”.

Adicionalmente, Sheets y su equipo excavaron 12 edificios públicos en un área que se extiende por poco más de 4.000 metros cuadrados. Entre ellos están varios talleres de trabajo, cocinas comunitarias y un sauna. La arquitectura de estas construcciones —fabricadas con diferentes técnicas y materiales— y la falta de una cuidadosa planificación urbana, un sello distintivo de la cultura maya, también evidencian la libertad que tenían los habitantes de Cerén para tomar decisiones sociales sin la estricta autorización de una casta superior.

Un total de 12 edificios públicos fueron excavados en Cerén por Sheets y su equipo, incluyendo esta vivienda. Créditos: Universidad de Colorado.

Pero una de las cosas que más llama la atención de los investigadores es la interacción económica que tenían los ciudadanos de Cerén con la élite maya.

Muchas de las cerámicas halladas en las casas y edificios de Cerén eran muy elaboradas como para ser producidas con la tecnología disponible en esa comunidad. También se han hallado hachas de jade, muy valiosas en labores agrícolas. “Las elaboradas cerámicas y las hachas de jade son objetos que por su valor, provienen de comunidades de élite. ¿Cómo llegaron entonces a las casas de Cerén? Ellos tenían acceso a estos delicados artefactos, pero no eran parte de un asentamiento grande. El hecho de que aún siendo gente normal, los habitantes de Cerén tuvieran acceso a estos objetos, nos dice que la élite sabía de la existencia del pueblo y aún así negociaba con su gente y les permitían tener un cierto nivel de independencia, incluso económica”, señala Herrera.

Los arqueólogos creen que la élite enviaba su finas mercancías con un intermediario para negociarlas con la gente. “Si los ciudadanos de Cerén creían que los valores para el cambio eran injustos, no estaban obligados a quedarse sino que eran libres de llevar sus mercancías al siguiente mercado, a la espera de un mejor trato”, explicó Gallardo.

Los datos hallados en Cerén contradicen la hipótesis de que las élites mayas controlaban todos los aspectos de la sociedad —economía, política, religión, artes y ciencias— durante el período clásico, considerado como una de las etapas más productivas de la era prehispánica, ocurrida entre los años 250 y 900 d.C.

Los investigadores creen que aún hay mucho por descubrir en Cerén. “Es posible que haya otras comunidades enterradas bajo las cenizas en las laderas del volcán. Estamos esperando financiamiento para una nueva fase del proyecto, en la que seguiríamos la calzada hacia los extremos norte y sur, para ver qué más encontramos. Sabemos que hacia el Sur se encuentra el pueblo de San Andrés, donde estaba ubicado el centro religioso maya más cercano a Cerén”, dijo Sheets.